En el actual contexto de ataque y desfinanciamiento a la educación pública por parte del Gobierno nacional –aunque no solo por ese actor–, desde el sindicato proponemos una forma de resistencia a esas políticas neoliberales: una resistencia democrática y pedagógica, sustentada en la articulación entre quienes formamos parte de la escuela, es decir, personal de supervisión, equipos de gestión, docentes, estudiantes, familias. Es necesario generar lazos y encuentros, entendiendo también que los tiempos y las realidades siempre van cambiando. Entonces, ¿qué mejor que construir con otras y otros a partir de las diferencias, tratando de sostener y acompañar la escuela y la educación públicas?
Particularmente en la Delegación San Justo de UEPC, esta resistencia democrática y pedagógica la llevamos adelante, entre otras iniciativas, acercándonos a las escuelas, hablando con compañeras y compañeros, atendiendo sus demandas, escuchando cuando vienen a la delegación o a través de proyectos como el Trayecto Pedagógico, que se está implementando desde la Secretaría de Educación de UEPC, o el ciclo de formación sobre inteligencia artificial (IA), que llevamos adelante con equipos de gestión de la región, en articulación con la Consulta Pedagógica del sindicato. De esta manera, vamos construyendo un horizonte común y colectivo, en diálogo con docentes, equipos de dirección e instituciones educativas.
Y en esta resistencia es importante no perder de vista que, como decía Leonardo Favio, “no se puede ser feliz en soledad”, y menos aún en estos tiempos de desfinanciamiento y crisis. Ante ello, nada mejor que formar ámbitos y espacios de cuidado, de diálogo abierto, de escucha e intercambio, para pensar y hacer aquello que necesitamos para fortalecer a la escuela pública y sostenerla como tal. Porque es justamente el lugar en el que las pibas y los pibes construyen experiencias de aprendizaje, fundamentales para ejercer una ciudadanía crítica y solidaria.
Por último, es fundamental tener presente que, incluso desde la resistencia –y más aún desde esa condición–, el trabajo docente es una tarea de cuidado –la vida misma lo es–, por eso también tenemos que cultivarla y transmitirla. En el actual contexto, la noción de cuidado adquiere un sentido profundamente político y pedagógico en nuestro trabajo: cuidado a la organización, a la educación pública, a la escuela, al vínculo entre pares y entre docentes y estudiantes.


