Viajar y leer como experiencias para ampliar mundos

En la Escuela General Manuel Belgrano de Capilla del Monte se llevó a cabo, el año pasado, una experiencia pedagógica en la que la oralidad se constituyó en el puntapié inicial desde el cual niñas y niños construyeron su camino hacia la lectura y la escritura. Enmarcada en el Programa de Alfabetización de UEPC –que articula con el programa provincial Maestra/o más Maestras/os (M+M)–, la propuesta desarrollada combinó el fortalecimiento de la alfabetización con un dispositivo de acompañamiento horizontal entre docentes, basado en el intercambio de ideas y proposiciones de intervención, la planificación compartida y la construcción colectiva de estrategias didácticas. El trabajo conjunto entre maestras de grado, maestra + y equipo directivo permitió transformar prácticas de enseñanza y acompañar la diversidad de trayectorias de aprendizaje. La experiencia puso de manifiesto que enseñar a leer y escribir también implica crear las condiciones para que docentes y estudiantes encuentren nuevas formas de aprender junto a otras y otros.

En el Departamento Punilla, hubo niñas, niños y docentes de segundo grado que, en 2025, se lanzaron a un viaje de ida y vuelta entre las estaciones de ferrocarril y las aulas, entre las lecturas compartidas y los relatos a voz alzada. Ese viaje les deparó destinos y recorridos que nunca habían imaginado, pilas de libros que desconocían y disfrutaron con sus familias y un lugar de llegada que abrió para siempre la oportunidad de nuevos mundos y aprendizajes: el desarrollo de la oralidad, la lectura y la escritura. Todo eso transcurrió en la Escuela Gral. Manuel Belgrano de Capilla del Monte, donde maestras de grado, una docente del Programa M+M y el equipo directivo emprendieron una propuesta centrada en fortalecer los procesos de alfabetización inicial, con estrategias situadas, a través de un apoyo activo y decidido al trabajo docente.

El proyecto se llevó a cabo entre abril y octubre de 2025 en la escuela primaria más grande de la localidad, que cuenta con 400 estudiantes en 18 secciones (tres por cada grado, en turno mañana y tarde). La experiencia fue implementada por Mariela Galleguillo –maestra +, integrante del Programa M+M– y Fátima Garay, Natalia Rodríguez y Candela Ortiz –docentes de segundo grado–, con el acompañamiento del equipo directivo encabezado por Norma Salinas. Se trató, además, de una iniciativa en el marco del Programa de Alfabetización del sindicato, concebido como un espacio de construcción colectiva de conocimiento didáctico para fortalecer la enseñanza y acompañar las prácticas docentes.

El Programa M+M –impulsado por el Ministerio de Educación de la Provincia en articulación con la Unión de Educadores– comenzó a implementarse en Córdoba en la segunda mitad de 2024 y propone un dispositivo de formación horizontal y de acompañamiento a maestras y maestros del Primer Ciclo de la Educación Primaria. De esa manera, se busca mejorar los aprendizajes de las y los estudiantes en capacidades fundamentales: oralidad, lectura y escritura, con foco en Lengua y Literatura; y el abordaje y la resolución de situaciones problemáticas, con énfasis en Matemáticas.

La oralidad como primer territorio de aprendizaje

El diagnóstico inicial que definió las modalidades de intervención fue que las principales limitaciones en el proceso de alfabetización se evidenciaban en segundo grado, donde había estudiantes con dificultades para tomar la palabra y, por ello, para leer y expresarse ante sus pares u otras personas. “Procuramos generar situaciones donde el desarrollo y el despliegue de la oralidad fuera el objetivo principal; es decir que, primero, pudieran contar y, después de atravesar la oralidad, pudieran leer textos en voz alta. El tema fue que había quienes no se animaban a leer, porque tampoco hablaban en voz alta. Entonces, coincidimos con las docentes de grado en que la base era el despliegue de la oralidad: si no tenían situaciones u oportunidades de expresarse o de tomar la palabra en la escuela, no las iban a encontrar en otro lado”, explicó Mariela Galleguillo.

Un acompañamiento horizontal para fortalecer trayectorias de escolarización

La propuesta del Programa M+M en las 141 escuelas en que se lleva adelante se enfoca en la figura de una docente denominada maestra +, quien realiza acciones de formación y acompañamiento a las prácticas de enseñanza implementadas por sus pares en cada grado, reconociendo el contexto escolar, las trayectorias profesionales y el saber construido en el aula. Para ello, se propician instancias de diálogo y reflexión en torno al trabajo docente que enriquecen a maestras y maestros participantes, con el fin de incidir en la mejora de los desempeños de sus estudiantes.

En ese marco de articulación entre maestra +, docentes de grado y equipos directivos de la institución, el primer paso es siempre construir el vínculo y los acuerdos que permitan un trabajo sostenido y mancomunado. “Desde el primer día en que llegó, Mariela se contactó conmigo, me comentó la idea central de su participación y realmente trajo alivio, porque se sumó a colaborar como maestra + en la alfabetización de estudiantes que requerían mayor atención. Siempre ha sido un reclamo que cada docente no trabaje en soledad, para poder atender y contemplar en sus diversidades y en sus tiempos de aprendizaje a alumnas y alumnos. Mariela vino a colaborar en esos aspectos”, comentó Norma, directora de la escuela.

En ese proceso de construcción del vínculo, las maestras de grado atravesaron situaciones de inquietud que resolvieron con apertura y trabajo compartido. “Cuando llegó Mariela, yo no sabía qué función cumplía. Pensaba que quizás venía a observarme, a ver si me desempeñaba bien. Y después, la verdad, fue una buenísima experiencia, porque éramos dos dentro del aula, y era muy importante todo lo que sumaba, lo que aportaba y ayudaba a las chicas y los chicos”, señaló Fátima Garay.

También la maestra + analizó en perspectiva este proceso. “El equipo directivo descansaba en mí para llegar mejor a todos los grados, dado que podía observar y contarles lo que pasaba en las aulas en que participaba. Y la resistencia de las maestras fue normal, a veces genera temor una mirada externa. Pero mi intervención fue siempre desde una perspectiva horizontal, un acompañamiento a la par: en cada curso éramos dos maestras en el aula tratando de solucionar los problemas de alfabetización de la mayoría de las y los estudiantes. Ante una necesidad, analizábamos qué podríamos hacer juntas en beneficio de sus trayectorias”, sintetizó Mariela.

Estrategias didácticas para alfabetizar desde la diversidad

Si bien en cada sección las estrategias fueron específicas, en todas ellas el punto de partida y el acuerdo generalizado fue el desarrollo de la oralidad, para que, a partir de allí, las y los estudiantes pudieran leer, escribir y realizar sus propias producciones. “Además, la idea fue siempre trabajar con textos que brindan los Estados provincial y nacional o el Programa M+M, de calidad estética y literaria, a partir de los cuales las y los estudiantes pudieran producir sus escritos”, señaló Mariela.

En ese marco, se usaron recursos como la creación de recorridos lectores por medio de mesas servidas de libros y el uso de las bibliotecas áulicas, a partir de los cuales se generaban semanalmente instancias de intercambio oral acerca de las historias y los personajes, de los gustos y emociones involucradas, de las recomendaciones propuestas, etc. También se pusieron en práctica estrategias didácticas tales como rondas de lectura, lecturas en coro y en eco, en pareja o a través de susurradores. “A medida que pasaba el tiempo, esas prácticas les permitían generar fichas, registrando el personaje y el título del cuento, podían dibujar la tapa. Después empezaron a incluir algo importante del relato, o aquello que más les había gustado”, agregó Mariela.

En cada grado, la docente fue adecuando a sus condiciones y pareceres el desarrollo de la expresión oral como puntapié para la lectura. “Siempre propiciamos trabajar en ronda y desde la oralidad. De forma semanal, teníamos un momento para escuchar un cuento, allí íbamos incorporando letras o algún contenido específico y, después, cada quien opinaba o tenía que responder tal o cual cosa. Advertimos que era realmente una herramienta muy rica, tanto hablar como escuchar, respetar los turnos, recordar lo que otras personas dijeron e incorporarlo. Trabajamos un montón desde la oralidad”, puntualizó Natalia Rodríguez.

“Tuve que adaptar mis planificaciones para que, en el último bloquecito de cada día, que era cortito y ya se sentía el cansancio de cinco horas en estudiantes de segundo grado, nos sentáramos en el piso y siempre leyera una alumna o un alumno diferente. Y tuvimos que hacer turnos, porque se peleaban para hacerlo. Estuvo muy bueno, porque pasamos de un grupo que no escuchaba y en el cual tuvimos que trabajar mucho la oralidad, a que todas y todos quisieran leer, nadie dijera ‘me da vergüenza’ –algo perfectamente normal–. Se paraban al frente, leían y nos íbamos con tranquilidad a casa. Eso surgió naturalmente, y solo fui acompañando lo que tenían ganas de hacer”, comentó Candela Ortiz.

También, en cada grado, se transitó la primera etapa haciendo seguimiento de un mismo personaje a través de diversos textos –por ejemplo, el lobo–, teniendo en cuenta diferentes niveles de avance en los procesos de alfabetización de cada estudiante. En ese marco, hubo quienes podían recordar y contar un texto completo o cambiar el final de un cuento, o quienes podían armar el nombre del personaje con letras sueltas o fichas. “Nuestra idea siempre fue planificar situaciones de escritura o de lectura que fueran abiertas, donde quien podía escribir una palabra lo hiciera, quien podía escribir una oración lo hiciera y quien podía escribir más también pudiera participar, ya fuera a través de afiches, de fichas, etc.”, comentó Candela.

Otra estrategia utilizada fue llamada “el libro viajero”, un cuaderno que cada estudiante se llevaba durante la semana a su casa y lo devolvía con la propuesta de un cuento, poesía, adivinanza o rima, para compartir con el resto del aula. “Con ese material, los viernes hacíamos una ronda de lectura. Y había quien se animaba a leer y contarle al resto, había quien pedía ayuda. Era hermoso ver lo que les pasaba cuando se llevaban el libro. Trabajaron un montón y fue una forma de que las familias apoyaran, incentivaran y motivaran la lectura y la escritura”, sintetizó Fátima Garay.

En muchas de estas estrategias, resultó muy útil el uso de un parlante para que las y los estudiantes fortalecieran su oralidad. “Se escuchaban, se iban animando y les ayudaba a soltarse”, recordó Fátima. “Un día, Mariela trajo un micrófono con un parlante, para ver si entusiasmaba la idea. Y dio muy buen resultado. Cuando proponés lectura grupal, una de las principales dificultades es que hay quienes tienen la voz bajita y el resto se pierde, se distrae, se aburre y le cuesta. Entonces, el hecho de tener el parlante, fue súper beneficioso y una herramienta muy útil”, explicó Natalia.

Un ida y vuelta entre la lectura y la experiencia compartida

En la segunda mitad del año, trabajaron con el cuento “Cuando San Pedro viajó en tren”, de la escritora Liliana Bodoc. “Era un material con el que contaba la escuela, para ofrecerles algo diferente a textos cortos”, acotó Mariela. “Hicimos lecturas, dos veces por semana: en ocasiones de manera grupal en el aula, otras veces cada estudiante leía a otra persona. Y fue un gran desafío, porque había que aceptar que no leíamos igual, que había quienes leíamos más rápido o más lento, y trabajar mucho la escucha y la tolerancia. También trabajamos a partir de las imágenes del libro, y a quienes más les costaba leer les tocó describirlas, otra forma de acercarse a la lectura”, comentó Natalia Rodríguez.

A partir de esas prácticas, empezaron a soñar con una salida educativa. “¿Por qué no podría darse una experiencia llamada ‘Cuando segundo viajó en tren’?”, se preguntaron maestras y estudiantes. Las docentes gestionaron la excursión, que finalmente transcurrió desde Capilla del Monte a San Esteban, a través del Tren de las Sierras. Allí, alumnas y alumnos de la escuela primaria Inés Moyano de Molina recibieron a sus pares, compartieron el río y un picnic literario y la jornada culminó con un taller de cerámica, en el que cada estudiante pintó un vagón de tren que, días más tarde, recibieron en su escuela.

El viaje en tren abrió un sinnúmero de otras actividades: producciones orales y escritas a partir de narraciones de lo vivido, de las sensaciones y emociones atravesadas; grabaciones con relatos, que culminaron en videos que las docentes compartieron a las familias y a la comunidad educativa; la elaboración de un libro-objeto llamado El tren de las emociones, con producciones de las y los estudiantes, que fueron presentadas en el Festival de la Palabra que se realizó en la escuela. “Allí, todas y todos pudieron leer sus producciones, contaron de qué se había tratado el viaje y qué habían sentido. Fue un cierre hermoso para esa experiencia”, concluyó Mariela.

Dos estrategias didácticas se utilizaron fundamentalmente en la segunda mitad del año: los agrupamientos flexibles y el acompañamiento personalizado a la enseñanza. La primera estrategia permitió concentrar el aporte docente –a través de una maestra de grado y la maestra +– en quienes precisaban mayor apoyo. Y la segunda, por su parte, fue necesaria con quienes requirieron una dedicación docente más intensiva. “Necesitábamos salir del aula y hacer trabajos con textos cortos, porque había estudiantes que se distraían o les costaba demasiado en el contexto áulico. Entonces, nos íbamos a la biblioteca y trabajábamos individualmente, a la par, desde un texto conocido, buscando palabras referentes, armando con sílabas o a través de letras sueltas que reconocieran. Fue paso a paso, pero muy necesario”, explicó Mariela.

Más autonomía para aprender, más herramientas para enseñar

El impacto de la experiencia de trabajo pedagógico sobre las y los estudiantes fue significativo: pasaron de ser copistas a leer en voz alta, mostrando un crecimiento en autonomía, confianza y fluidez expresiva, fortaleciendo su producción escrita y el disfrute a través de la lectura. “Llegaron a diciembre con un excelente nivel de alfabetización, quizás quedaba alguien apenas en un nivel silábico, pero solo necesitaba más práctica, el cambio fue rotundo”, destacó Mariela Galleguillo.

También las docentes de grado involucradas destacaron diversos aspectos del trabajo formativo y de acompañamiento de la maestra +. “El aporte de Mariela fue importante en dos niveles: para compartirnos materiales, propuestas de adaptaciones específicas o actividades personalizadas para estudiantes. Y para compartir y dialogar acerca de secuencias didácticas, sobre las cuales siempre nos sugería algo respecto a qué y cómo abordar”, valoró Natalia, mientras que Candela agregó: “Me contribuyó con propuestas de adaptaciones concretas, pero siempre contextualizadas dentro de mi planificación, algo muy valorable desde mi punto de vista”. “En ocasiones, aprovechamos cuando estaba Mariela –una vez por semana– para organizar agrupamientos flexibles y conformar dos grupos, uno con estudiantes con mayores avances y otro con quienes mostraban menos. En este último, trabajaba una de nosotras con Mariela. También ella colaboró en el trabajo personalizado con algunas alumnas o algunos alumnos. Apuntábamos al mayor avance que se pudiera conseguir en todos los grupos”, explicó Natalia. “En mi caso, trabajé mucho con Mariela en la optimización de secuencias, para incluir más actividades de escritura y lectura espontánea, y realmente estuvo buenísimo”, comentó Fátima.

Por último, también desde el equipo directivo subrayaron la contribución de la propuesta: “El trabajo con el Programa M+M ha sido muy beneficioso en nuestra escuela. Se advierten sus resultados en estudiantes que pasaron de grado, quienes si no estaban alfabetizados a finales de segundo grado estaban ya en proceso de conseguirlo –evaluó Norma Salinas, directora de la escuela–. Y Mariela nos aportó muchísimo en metodologías y estrategias de enseñanza. Ella siempre estuvo presente para la sugerencia, para orientar y acompañar, para aportar algo nuevo que pudiera ayudar a salir de ese lugar estanco en el que muchas veces nos encontramos cuando creemos que hemos probado de todo. Y lo hace con un conocimiento pleno de lo que la política educativa nos está solicitando. Realmente es muy positivo que nuestro gremio, aportando al M+M y desde su Programa de Alfabetización, detenga su mirada en lo pedagógico y contribuya con todo aquello que fortalezca nuestra profesión y mejore las condiciones de trabajo”.


La Secretaría de Educación de UEPC lleva adelante un acompañamiento cotidiano al trabajo de cada una de las maestras + en las 141 escuelas de la provincia en que se implementa el Programa M+M.

“El trabajo de fortalecimiento de la oralidad, la lectura y la escritura que impulsó Mariela Galleguillo en Capilla del Monte es un botón de muestra del trabajo que realizan las maestras + a lo largo del territorio cordobés. La dimensión formativa de su intervención fortalece las prácticas docentes a partir de un intercambio horizontal y del reconocimiento de sus saberes, repensando juntas la tarea para enriquecer la propuesta. Por otro lado, la dimensión del acompañamiento permite a maestras, maestros y equipos directivos salir de ‘la soledad del aula’ para abordar sus complejidades, modelizar prácticas, repensar estrategias y hacer foco en los ‘cómo’. De esta manera, se constituye un trabajo articulado que busca que cada estudiante aprenda en las mejores condiciones y la enseñanza se enriquezca”, explicó Rolando Aiassa, coordinador del Programa M+M en representación de UEPC.

Por su parte, Fabiana Nocco, secretaria de Educación del sindicato, subrayó la centralidad del acompañamiento en el M+M: “La maestra + es una docente con una afectación para realizar un trabajo junto a sus pares en el aula, en la escuela, allí donde el acto educativo está sucediendo. No es alguien que está detrás de un escritorio, escribe una propuesta y les dice a las maestras de grado qué tienen que hacer. Por el contrario, acompaña de manera situada, desde el territorio, conociendo las dificultades que se presentan para que suceda el aprendizaje”.

Tanto Fabiana como Rolando destacan la participación gremial en el M+M. “Así fortalecemos la alfabetización que viene llevando adelante UEPC, a través del acompañamiento a la trabajadora y al trabajador que alfabetiza”, destacó Nocco. En tanto que Aiassa puntualizó la inscripción del plan en la tradición del Programa 108 Escuelas del sindicato. Además, resaltó la labor del equipo de formación de UEPC –que construye colectivamente y de manera horizontal esa formación y ese acompañamiento– y del equipo que trabaja sobre prácticas del Lenguaje y Matemática para reforzar la formación disciplinar de las maestras. “Este año estamos trabajando fuertemente en fortalecer la alfabetización inicial, la alfabetización avanzada y la comprensión lectora de problemas matemáticos. Eso va más allá de enseñar a leer y escribir: apunta a la construcción y al ejercicio de una ciudadanía crítica, que comprenda e interprete qué está leyendo, al tiempo que complejiza el pensamiento para abordar las dificultades que se presentan en el aprendizaje”, explicó Rolando.

Por último, una y otro consideraron que el Programa M+M debe continuar y profundizarse, porque es fundamental asegurar que todas y todos los estudiantes logren ese derecho cuanto antes, pero entendiendo siempre que “la alfabetización debe tener un abordaje institucional”, señaló Fabiana. “Por eso la maestra + trabaja con el Equipo de Gestión de cada escuela y busca impactar en el proyecto de alfabetización institucional, porque hay allí una responsabilidad compartida: no es solo de cada docente, sino de la escuela”, concluyó Rolando.

El programa M+M constituye una apuesta estratégica de nuestro sindicato para transformar la educación cordobesa. A través del acompañamiento continuo al trabajo docente, buscamos garantizar una enseñanza de calidad sustentada en una perspectiva de derechos. Esta iniciativa reafirma nuestro compromiso con la justicia social, la equidad territorial y el fortalecimiento de la escuela pública en cada rincón de la provincia.

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