Pensar espacios de acompañamiento y formación situados no solo implica dedicar tiempo para viajar y estar de manera presencial en un espacio físico, con la exclusividad de atención que eso conlleva, sino que es, sobre todo, poner el cuerpo. Significa llegar a otras localidades, habitar sus escuelas, conocer sus realidades, escuchar a sus docentes y pensar, de manera colectiva, las problemáticas y las posibles acciones al respecto. Y ahí entra en juego también un ida y vuelta con la institución: cómo te reciben, por dónde entrás, quién te saluda, si tenés el aula disponible, si es un espacio amigable. Todo eso hace a la construcción y a la importancia que se le da a ese proceso de acompañamiento a las y los docentes; define si es una cuestión meramente retórica o si verdaderamente existe un compromiso para que ese espacio tenga sentido.
Poner el cuerpo también tiene que ver con el modo en que se plantea la dinámica de trabajo. Que no se trata de bajar línea y repartir directivas, sino de ponerse en ronda, habilitar la palabra, escuchar, abordar situaciones de manera grupal y hacer, principalmente hacer además de decir. Apostando a que esas y esos docentes sean protagonistas de lo que allí pueda construirse de manera colectiva.
Y en ese hacer, en ese poner el cuerpo en un espacio de formación, se juega otra cuestión fundante que es la mirada de las y los estudiantes. “¿Qué está pasando?”, “¿qué están haciendo durante esas horas?”, preguntan con curiosidad. Y pueden ver a “sus profes”, anotadores en mano, reunidas y reunidos frente a una computadora, trabajando en grupo, leyendo un material, anotando en la pizarra, ocupando esta vez otro rol: el de estudiantes, el de quienes quieren seguir formándose. Y… ¿para qué? Para ampliar sus herramientas didácticas, para profundizar sus estrategias pedagógicas; en definitiva, para ser mejores docentes.
Esto también es algo fundamental, porque la mayoría de las veces, todo ese tiempo que las y los docentes dedican a la formación, al armado de sus clases, a pensar innovaciones para sus propuestas ocurren en solitario y al aula llega la propuesta resuelta. En cambio, en este espacio colaborativo, de formación, de debate, de intercambio de miradas y construcción, ese esfuerzo se hace visible y tangible para sus estudiantes y, de algún modo, les están diciendo “nos importan, lo que hacemos no es un trabajo más, es un trabajo pensado para ustedes”.


