Desde mi rol docente y como integrante de un equipo de gestión, considero que la escuela es un espacio en permanente construcción, atravesado por incertidumbres y desafíos constantes. Por ello, imaginarla en el futuro supone reconocer la brevedad del paso de las y los estudiantes por ella y aceptar que ese futuro figurado estará, de manera inevitable, condicionado por la realidad del presente.
La escuela, en gran medida, se construye en el andar: lo imprevisible nos sorprende, nos interpela y nos impulsa a buscar mejoras. Sin embargo, aquello que considero condición sine qua non de la misma trasciende los contenidos disciplinares y nos invita a mirar hacia adentro, hacia ese entramado cotidiano donde conviven múltiples realidades y en el que cada docente, sin importar su especialidad, es convocada y convocado a intervenir.
La escuela del futuro sostendrá y ampliará los espacios ganados gracias a la presencia de docentes que, a lo largo de su trayecto pedagógico, hayan consolidado herramientas que propiciaron momentos genuinos de empatía. Estos espacios no son únicamente fruto de la voluntad individual, sino que se sustentan en conquistas laborales y colectivas que fortalecen las condiciones para enseñar y aprender en un marco de respeto, cuidado y reconocimiento mutuo. En ese horizonte, el cuidado de cada docente se vuelve imprescindible: reconocer sus necesidades, acompañar sus procesos y resguardar su bienestar es, también, cuidar la calidad de la educación y garantizar que pueda sostener con plenitud su tarea.
Imagino una escuela donde el diálogo, la escucha atenta y la palabra sean motores capaces de impulsar el deseo de “estar estando”, y no simplemente de ocupar un lugar. Una escuela que se elija por el deseo de aprender y por la certeza de que lo vivido en sus aulas deja huellas que perduran más allá del paso por ella.
La escuela del futuro debe enseñar que la presencia transforma, y que esa presencia plena ha de surgir de manera espontánea, impulsada por el deseo genuino de comprender que los vínculos se construyen y sostienen en lo cotidiano, en el compartir y en estar al lado de quien descubre en ese momento el deseo de aprender. Porque el futuro se construye estando presentes.
(*) Vicedirectora del Nivel Secundario de la Escuela Normal Superior Justo José de Urquiza, Río Cuarto, departamento Río Cuarto. Docente acompañante en la Práctica I del Trayecto Pedagógico.
educar en Córdoba | N° 43 | Octubre 2025 | Año XXIV | ISSN 2346-9439
Columna: El futuro se construye estando presentes



