De investigar a leer, una experiencia de alfabetización inicial y de alfabetización científica

Las aulas como laboratorios de curiosidad y descubrimientos

“No saben todos los huesos de animales y dinosaurios que vimos”, esa fue una de las sorpresas que se trajeron estudiantes de segundo y tercer grado del Centro Educativo Antonio del Viso, de Córdoba Capital, cuando visitaron el Museo Provincial de Ciencias Naturales, como parte de un proyecto alfabetizador que les propuso una secuencia de actividades que las y los llevó del aula a los jardines de sus casas, del patio escolar al museo, de las enciclopedias y libros álbumes a la Feria de Ciencias.

“En este proyecto, las chicas y los chicos pudieron realmente construir un aprendizaje a través de una experiencia vivida, ser partícipes del mismo. La escuela tiene la obligación de mostrarles muchas de las cosas que ellas y ellos no viven cotidianamente, como un museo, los instrumentos científicos u obras de divulgación de las ciencias”, reflexionó María Eugenia Cabrera, vicedirectora de la institución. La experiencia fue una de las tantas impulsadas en el marco del Programa Maestra/o más Maestras/os (M+M), al cual el sindicato aporta a través de su Programa de Alfabetización. El M+M es implementado de manera conjunta entre la UEPC y el Ministerio de Educación de la Provincia de Córdoba para fortalecer la enseñanza de alfabetización inicial, haciendo foco en la oralidad, la lectura y la escritura y en la comprensión de los problemas matemáticos de las y los estudiantes del Primer Ciclo.

La escuela Antonio del Viso es una institución que este año festejó 105 años de vida. Es una de las más tradicionales de barrio San Martín y una referencia para las familias de esa zona de la capital provincial. “Tenemos el orgullo de contar con alumnas y alumnos que son cuarta generación de estudiantes de nuestra escuela. Nos eligen familias que, en algunos casos, recorren hasta 20 cuadras para traer a sus hijas e hijos a esta institución”, comentó Marta Natali, directora de la misma. Su edificio –que aún alberga la fachada y muchas de sus aulas y aberturas originales– congrega a 400 estudiantes, en turno mañana y tarde, con 22 cursos en total. Su alumnado proviene fundamentalmente de los barrios San Martín, Marqués Anexo, Alta Córdoba, La France y Los Galpones. “Las y los docentes son titulares, tenemos muy pocas maestras en interinato o suplencia, lo que nos permite contar con un equipo estable y sólido. Esta situación favorece mucho las prácticas y los proyectos pedagógicos”, agregó Marta.

Alfabetizar desde el acompañamiento situado y la formación entre pares

El proyecto implementado este año se desplegó entre los meses de mayo y agosto y se llevó adelante en los cursos de segundo y tercer grado de ambos turnos. Aunque los temas abordados fueron específicos para cada curso, los objetivos centrales fueron comunes: promover estrategias que fortalezcan los niveles de oralidad, lectura y escritura, así como fomentar una alfabetización científica activa en las y los estudiantes.

Se partió de algunas premisas básicas: para posibilitar que las alumnas y los alumnos progresen como lectoras, lectores, escritoras y escritores competentes, fue fundamental que el aprendizaje se centrase en un tema de su interés, motivando así la lectura y la producción textual. Esta aproximación no solo enriqueció su vocabulario y comprensión, sino que también las y los convirtió en investigadoras activas e investigadores activos. Otra premisa fue que, fortaleciendo la formación y el acompañamiento docente situado, es posible impactar de manera positiva en la alfabetización de las y los estudiantes.

Para ello, el proyecto se llevó adelante utilizando el dispositivo propuesto por el Programa M+M, que supone el acompañamiento de una maestra + que trabaja de manera horizontal, una vez por semana, con cada una de las docentes de grado involucradas. “Lo que hice fue acompañar a las maestras de cada escuela, en los cursos asignados por el equipo directivo. Mi norte es que las y los estudiantes puedan leer y escribir de manera autónoma y competente, a través de prácticas donde sean protagonistas, y partiendo de intereses e inquietudes que dialoguen con la currícula”, explicó Laura Agapito, maestra + en el Centro Educativo Antonio del Viso. “La idea fue que las y los docentes pudieran implementar prácticas innovadoras, que permitieran que las niñas y los niños atravesaran procesos y experiencias que las y los ubicaran en roles activos en lo que respecta a la construcción de conocimientos para su alfabetización científica”, agregó Laura, quien cuenta con una vasta experiencia como maestra +, pues se desempeñó 12 años en el Programa 108 Escuelas que impulsó la UEPC, uno de los principales antecedentes del M+M.

El interés estudiantil como motor del conocimiento

En función de los intereses e inquietudes estudiantiles y de las currículas previstas para cada grado, las docentes de la escuela Antonio del Viso decidieron trabajar acerca de la megafauna en segundo grado y de los insectos en tercer grado. “Fuimos explorando a través de algunos temas disparadores que ya intuíamos que a las niñas y los niños les interesaban, para luego ir acotando a algo más específico. También tuvimos en cuenta con qué materiales contábamos para abordarlos. En nuestro caso, empezamos con dragones a través de una agenda literaria, de allí vinculamos con los dinosaurios y finalmente nos centramos en la megafauna, animales de gran tamaño que habitaron el planeta millones de años después de la extinción de los dinosaurios. Siempre hay que tener en cuenta su interés, no podemos priorizar nuestra comodidad”, indicó Virginia, docente de segundo grado del turno mañana.

A partir de los temas definidos para cada curso y del acompañamiento de Laura con cada una de las maestras de grado, se definieron una serie de actividades que, con flexibilidad y matices, se implementaron en segundo y tercer grado. “En todo este proceso de trabajo, Laura estuvo con nosotras como un faro: nos aportó materiales, nos ofreció recursos, pudimos intercambiar opiniones acerca de las secuencias didácticas o nuestras planificaciones, nos ayudó respecto a cómo aprovechar las salidas a los museos, estuvo atenta a cómo avanzaban los distintos agrupamientos y nos sugirió opciones, e incluso trabajó con alguno de ellos cuando fue necesario. Lamento muchísimo que no pueda estar más días con nosotras”, comentó Mónica, docente de tercer grado en el turno tarde.

Una de las primeras actividades que se repitió en los diferentes cursos fue la realización de mesas servidas de materiales acerca del tema de interés, que permitieron un primer acercamiento intuitivo y atractivo a los contenidos. “Trabajamos en el patio y en el Salón de Usos Múltiples (SUM) con una mesa o una alfombra llena de materiales –textos de divulgación científica, enciclopedias, libros especializados, fotografías e imágenes, notas periodísticas, entre otras– y, allí, cada estudiante se acercaba, los experimentaba y elegía alguno para realizar una lectura por placer”, relató Mónica. “Estaba quien podía leer más, quien podía leer menos, ya sea el título, el epígrafe de las fotos, alguna porción del texto, se iban ayudando y complementando entre sí, cada quien con sus propios tiempos, pero siempre con algún tipo de involucramiento”, explicó Virginia. “A partir de esa mesa servida, fomentamos la lectura y escritura de epígrafes y títulos y el análisis de textos parciales y completos, guiando a las y los estudiantes en la identificación de información clave. La escuela es el único lugar en el que quizás puedan acceder a una enciclopedia o un libro álbum. Y a partir de allí, tratamos de subir la vara: por ejemplo, que cada grupo trabajase un aspecto distinto del tema de interés, que conversaran entre los grupos, que fueran tomando pequeñas notas, anotando palabras claves, que se animaran a escribir alguna oración para ir armando pequeños textos”, agregó Laura. “Pretendíamos que pudieran trabajar con un vocabulario científico más específico; que, a partir de lo que leían y observaban, pudieran llegar a escribir y a leer con un propósito: debían esforzarse para tener muy en claro qué querían informar, qué buscaban expresar, qué materiales querían elaborar”, subrayó María Eugenia.

Otras de las actividades que se implementó –en los casos en que fue posible, por ejemplo, al abordar el tema de los insectos– fueron las salidas de campo y la observación directa, sobre todo en el patio escolar, utilizando instrumentos científicos como las lupas para observar de cerca la microfauna (hormigas, grillos, restos de alacranes y de otros insectos) y otros elementos naturales. “Trabajamos en grupos pequeños, donde cada estudiante tenía una tarea: alguien llevaba una pinza para recolectar insectos, o el frasco para guardarlos, o la lupa para observarlos, o la libreta de campo para anotar datos relevantes”, recordó Mónica. “Allí pudieron relacionar lo que vieron en la tele, o en internet, o en los libros, con la vida real, y esa comparación fue muy útil y movilizadora”, agregó María Eugenia. “Una actividad sencilla, pero que implicó salir a buscar insectos y verlos con la lupa, fue muy emocionante para las y los estudiantes. Nos llenó de orgullo ver que se predispusieron con esa actitud de investigación, como protagonistas de este proyecto”, enfatizó Marta.

Una apuesta por subir la vara de las prácticas docentes

Uno de los momentos más esperados y disfrutados por estudiantes y docentes fue la visita educativa organizada, en el marco del proyecto, al Museo Provincial de Ciencias Naturales, que se realizó de acuerdo al grado (en primer término, los segundos; otro día, los terceros) y al tema de interés de cada uno (si bien el recorrido general fue similar, los aspectos enfatizados fueron diferentes según cada grado). El propósito central de esta actividad fue ampliar el conocimiento sobre los temas indagados y fue complementada, además, con recorridos por el sitio virtual del museo.

“En algunos cursos, pudimos trabajar, en primer término, con un cuento llamado ‘Un museo sobre mí’, para familiarizarse con respecto a qué podíamos encontrar en ese lugar. Y una vez que lo visitamos, cada estudiante llevó una libreta de notas donde escribió lo que le pareció relevante o le interesó de los temas que eligieron. A partir de allí, pudieron evaluar qué información tenían en un principio y qué pudieron agregar a partir de esa visita –explicó Laura–. Este tipo de actividades es importante porque evidencia que se puede subir la vara con las y los estudiantes, proponerles algo más que un dibujo o un video animado: pueden ir a museos, responder trivias, ver videos de la National Geographic, consultar sitios en internet, hacer muchas cosas. Al mismo tiempo, se evidencia que un mismo sitio de interés nos puede ser útil como docentes y estudiantes para múltiples aristas. E ir a un museo también les sirve como práctica social para su vida: ¿qué podemos hacer allí y qué no?, ¿cómo hay que comportarse y por qué?, ¿cómo podemos hablar?, ¿qué cosas podemos llevar allí?”, acotó.

Por último, en cada uno de los cursos, las y los estudiantes elaboraron un producto final (álbumes, tarjetas o fichas informativas, infografías, pequeños libros o enciclopedias) que condensaron y sistematizaron muchos de los contenidos aprendidos. “Nuestra meta fue llegar a la Feria de Ciencias, que se realizó a finales de agosto en toda la provincia, con estos materiales elaborados y que cada alumna o alumno pudiera responder preguntas, contar lo que hicieron en sus procesos de investigación y compartir información”, señaló Virginia.

Los pilares invisibles del proyecto

Quienes participaron del proyecto destacaron la apertura y la predisposición a la innovación y al trabajo colectivo de los actores intervinientes. “El éxito de este tipo de proyectos depende de una labor en equipo: el cuerpo directivo habilitando y coordinando; Laura asesorando a nuestras docentes; y las maestras adaptando y creando propuestas para grupos heterogéneos. Si no contáramos con la apertura de cada parte sería muy difícil: Laura acepta la sugerencia de las seños, ellas las de Laura, y así salen cosas maravillosas”, subrayó María Eugenia. “Es clave contar con un equipo docente como el que tenemos, consolidado y predispuesto. Cualquier propuesta que acercamos, está dispuesto a escucharla e intentarlo”, destacó Marta. “En este tipo de iniciativas, son centrales los vínculos: mi trabajo depende de la apertura de las maestras y del equipo directivo. A partir de lo que quieran mejorar, allí vamos a poner la mirada y el foco”, resumió Laura.

Otro aspecto central para este proyecto es el soporte que aporta el equipo de formación de la UEPC, conducido por Rosa Sosa, que trabaja en articulación con todas las maestras + que integran el Programa M+M. “Es integral el apoyo que tenemos, te ayudan en todo: aportan ideas, comparten materiales, ofrecen formaciones específicas, te proponen opciones de trabajo, visitan las escuelas si es necesario. Realmente, me siento muy respaldada en mi labor”, puntualizó Laura.

Para conocer el trabajo de campo que llevaron a cabo estudiantes de 3º C, visita este enlace

Para conocer las producciones y exposiciones realizadas en la Feria de Ciencias por estudiantes de 2º A y B, visita este enlace

Para conocer sobre la visita al Museo Provincial de Ciencias Naturales efectuada por estudiantes de 2° A y B, visita este enlace

De la innovación a la institucionalización

Más allá del fortalecimiento de los procesos de alfabetización, este proyecto buscó también impactar en las prácticas docentes de manera sostenida y sistemática, difundir miradas y formas de abordaje que pueden utilizarse para Lengua, Matemática, Ciencias Sociales o Naturales. “Es cierto que hay estudiantes que necesitan un apuntalamiento más conductual. Pero está bueno que también podamos trabajar y construir desde esta mirada, más lúdica, más activa, con certidumbres e incertidumbres, llegando al aprendizaje desde el ejercicio del juego. No se trata de sentar a una niña o a un niño a escribir letra por letra. A mí me ha gustado mucho y la voy a preservar, voy a seguir puliendo esta forma de abordaje”, planteó Mónica. “Para muchas docentes –no para todas, por supuesto–, implica moverse un poquito de donde estaban enseñando y probar otros abordajes. Permite ir siempre un pasito más allá: ya hicimos la salida didáctica, pero podemos ir más allá del dibujito de la hormiga, podemos empezar con las lupas y hasta los microscopios, por darte un ejemplo. Cuando las cosas prenden, las propias instituciones las sostienen a lo largo del tiempo”, señaló Laura. Por último, María Eugenia acotó: “Este tipo de iniciativas tiene un efecto multiplicador, empiezan a motivarse y a multiplicarse las ideas. Compartimos los proyectos y las secuencias didácticas en un Drive, donde cada docente puede ver qué está haciendo cada curso. Y eso permite construir un hilo institucional”.

Como corolario de la experiencia, equipo directivo y docentes observaron con satisfacción de qué manera chicas y chicos de segundo y tercer grado del Centro Educativo Antonio del Viso relataron con naturalidad y espontaneidad sus aprendizajes explicando, por ejemplo, la metamorfosis de una mariposa o las características de un esmilodonte, demostrando una comprensión profunda y genuina de los conceptos científicos. Esta conexión directa con el conocimiento transformó las aulas en verdaderos laboratorios de curiosidad y descubrimiento.

educar en Córdoba | N° 43 | Octubre 2025 | Año XXIV | ISSN 2346-9439
Artículo: Alfabetización inicial y alfabetización científica. Las aulas como laboratorios de curiosidad y descubrimientos

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Luciano