Donde casi no queda Estado, la escuela pública sigue en pie

Donde casi no queda Estado, la escuela pública sigue en pie

Alina Monzón

En aquellos sectores donde el Estado no es garante pleno de derechos, donde el desánimo y la desesperanza comienzan a jugar un papel importante, la escuela pública se mantiene de pie atendiendo a demandas de la comunidad, y generando acciones que garanticen los aprendizajes necesarios.

El trabajo de enseñar tiene un rol primordial, es siempre acompañado de convicciones, ideales, profesionalismo, de gran compromiso social, fortalecido por el trabajo colaborativo y participativo; y los proyectos educativos se diversifican según los intereses de los y las estudiantes y se realizan propuestas deportivas, artísticas, culturales, científicas, etc., sosteniendo prácticas inclusivas con el propósito de garantizar una educación para todos. Así, la figura del docente aparece desde su rol político, con la mirada puesta en que los niños, niñas y jóvenes puedan acceder al conocimiento partiendo de sus potencialidades, de sus saberes, con el convencimiento de que es posible devolver la esperanza perdida.

Los niños, niñas y jóvenes que transitan por las escuelas la reconocen, se sienten contenidos, cuidados, valorados, muchas veces se les dificulta tener continuidad por distintas situaciones y es allí donde se torna necesario contar con equipos interdisciplinarios que acompañen y fortalezcan las trayectorias escolares de los y las estudiantes (que puedan realizar un seguimiento de las causas del ausentismo, de la deserción, de la falta de interés, etc.), para así poder desarrollar estrategias de intervención necesarias junto a los equipos directivos y docentes de la institución.

El lugar de la escuela es clave, pero sola no puede, por lo que es indispensable solicitar al Estado los recursos necesarios, por un lado y por otro, generar lazos con aquellos actores de la comunidad que confían en que las acciones en conjunto serán el camino para evitar la exclusión, garantizar la justicia social y superar las desigualdades. Generar espacios de trabajo en redes fortalece la acción de la escuela, convocando a las familias, las organizaciones sindicales, barriales, religiosas, dispensarios, clubes, vecinos, etc. y la comunidad educativa en general, como una de las líneas de acción fundamentales.