La educación como garantía de derechos

La educación como garantía de derechos

Por Estela de Carlotto

Este año se cumplen 40 años del último golpe de Estado cívico-militar que nos arrebató a nuestros hijos y nietos e instauró un régimen de miseria, endeudamiento y dependencia sin precedentes. La educación y la cultura fueron imprescindibles para la recuperación de la democracia que ya lleva más de tres décadas de marchas y contramarchas, pero que en los últimos doce años logró avanzar en materia de Memoria, Verdad y Justicia, restituyendo derechos a los ciudadanos y ciudadanas en todos los ámbitos.

Las Abuelas nacimos convocadas de manera individual por la feroz dictadura que imprimió el método del secuestro de personas para acallar sus voces. Buscamos dos generaciones, al principio en soledad. Cada una de nosotras inició su propia senda en el tiempo fijado por los desaparecedores. Ya en octubre de 1977, con esa doble búsqueda, nos reunimos para inventar estrategias que nos ayudaran a encontrar a nuestros seres queridos. Cada una aportó lo que sabía y la herida como historia personal. El trabajo conjunto desterró lo individual y nos constituimos en un colectivo que colaboró en la construcción de un derecho para todos los niños del mundo: el derecho a la identidad. Empecinadamente fuimos desafiando los peligros, las incomprensiones, la marginación. No nos propusimos ser docentes, no sabíamos que teníamos por delante un camino tan largo, no planificamos quedar inscriptas en la historia como referentes de los derechos humanos. Fuimos inventando el camino mientras lo transitábamos, y recién hoy sabemos que hicimos docencia para que la sociedad entendiera que la dictadura militar nos tocó a todos. Creemos que es en esta afirmación donde se encuentra el máximo valor de nuestra enseñanza. ¿Qué hubiéramos logrado solas?, ¿cuán lejos hubiéramos llegado? Las Abuelas llevamos treinta y ocho años de abrir inéditos y desconocidos caminos cuya relevancia e intensidad nos es posible dimensionar solo cuando serenamente miramos hacia atrás y el pasado se nos agolpa en la memoria. Las que hoy aún no hemos encontrado a nuestro/a nieto/a hemos localizado 119 nietos que también son nuestros. Somos las abuelas y bisabuelas de cientos de nietos y bisnietos, y allí radica nuestra fortaleza.

Comprender que los derechos humanos son colectivos, que se construyen colectivamente, que se defienden colectivamente y que se garantizan colectivamente, parece tal vez hoy una verdad de perogrullo; sin embargo eso fue lo que construimos con cada paso lento pero seguro, y lo que hace que la sociedad hoy nos acompañe, que comprenda que si los derechos de mi vecino están vulnerados, mal podrían los míos estar garantizados. Por eso hoy nos preocupamos por la educación de nuestros niños y jóvenes. Nos ocupa formar una sociedad solidaria y más justa; una sociedad que pueda unirse en la defensa de los derechos humanos, para que todos tengamos derecho a una vida digna.

En las primeras épocas las escuelas eran sitios donde podían estar nuestros nietos; y aunque hoy ya son adultos, las escuelas vuelven a ser lugares de búsqueda, pues en los colegios están nuestros bisnietos, los hijos de nuestros nietos apropiados por la dictadura, que también ven lesionado su derecho a la identidad. Por esto, seguimos buscando justicia y verdad para nuestros hijos, restitución de la identidad para nuestros nietos, y ahora también para nuestros bisnietos. El crimen de apropiación no se resolverá hasta que el último de los nietos sea recuperado, ya que se trata de un crimen perpetuado en la descendencia. La memoria no es sólo recordar: la memoria es un instrumento para hacer consciente el recorrido de nuestra historia como pueblo y poder así anticiparnos a nuestro futuro, siendo nosotros los diseñadores de nuestro destino como sociedad; sólo conociéndonos es como podemos ser libres de decidir cómo queremos vivir.

Hoy tenemos el consenso social por nuestra legítima lucha por el reconocimiento nacional e internacional en la búsqueda de nuestros niños secuestrados y ese proceso generó además la defensa de todos los derechos de los niños del planeta. Logramos múltiples avances que también lo fueron para toda la sociedad: los artículos 7, 8 y 11 de la Convención Internacional de los Derechos del Niño, que garantizan el derecho a la identidad; la sanción de la Ley de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes, que introduce un cambio sustancial en la mirada del Estado sobre la niñez; la declaración del Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia y del Día Nacional por el Derecho a la Identidad, entre otros logros. Además de constituir valiosos instrumentos, sabemos que estos aportes configuran un paradigma del corolario de una lucha justa: una lucha que jamás abandonaremos por la recuperación de nuestros nietos, y también por la memoria de nuestros hijos que dejaron la vida por un país más justo. Un escenario diferente nos encuentra en este nuevo aniversario del golpe más sangriento de nuestra historia. Muchos han sido los aprendizajes y los logros a defender. Y en esa lucha, la educación como transmisión es fundamental para garantizar los derechos y preservar la democracia. Por eso seguiremos en esta senda para que nunca más el pueblo argentino padezca una dictadura siquiera cercana a aquella y por eso alentamos a los educadores argentinos a apostar a las escuelas como espacios de reflexión sobre la memoria.