Convenio de colaboración recíproca entre UEPC y el MINCyT de Córdoba

Educación con vocación de futuro

Educación con vocación de futuro

UEPC firmó un acuerdo con el Ministerio de Ciencia y Tecnología de la provincia, para proyectar y realizar acciones que permitan mejorar la enseñanza de las ciencias en la escuela secundaria y aporten herramientas para la formación de los docentes. La iniciativa forma parte de una apuesta de UEPC al trabajo conjunto y estratégico con el Estado, para la defensa de la escuela pública, como lo fueron durante 2015 los convenios suscriptos con el Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Nación y la Fundación Sadosky. Se trata de una vocación permanente y explícita del gremio por contribuir e incidir en políticas públicas, para lograr una educación democrática y de calidad para todos los niños, niñas y jóvenes.

El Instituto de Capacitación e Investigación de los Docentes de Córdoba (ICIEC), de UEPC, firmó un convenio de colaboración recíproca con la Dirección de Divulgación y Enseñanza de las Ciencias, del Ministerio de Ciencia y Tecnología (MINCyT) de la Provincia de Córdoba.

El acuerdo, según palabras de Juan Monserrat, secretario general de UEPC, condensa objetivos bien definidos, que el gremio impulsa en su lucha constante por la defensa de la educación pública:

“Creemos firmemente que la educación es un derecho, y que la escuela tiene que ser esencialmente inclusiva; pero también sostenemos que esa inclusión tiene que ser con educación de calidad. Aportar al mejoramiento de los procesos de enseñanza y aprendizaje es parte de la vocación de UEPC, porque entendemos que lo gremial no se agota en la pelea por el salario y las condiciones de trabajo de nuestros compañeros docentes. Asumimos así, un compromiso activo, poniendo nuestra voz y esfuerzo en la construcción colectiva de la educación pública. Y cuando decimos construcción colectiva es porque entendemos y apostamos al trabajo con otros actores sociales, entre los cuales no puede estar ausente el Estado, o mejor dicho los estados y sus distintas instancias, tanto nacional, como provincial y municipal. No podemos pensar la educación pública sin un Estado comprometido con su sostenimiento”.

Walter Robledo, ministro de Ciencia y Tecnología de Córdoba, coincidió con las palabras de Monserrat y explicó que una de las tareas estratégicas que se propuso para su gestión, es la de acompañar y fortalecer el vínculo de la ciencia y la tecnología con la educación secundaria:

“Queremos que nuestro trabajo esté centrado en los jóvenes y en ese sentido, apostamos a la escuela pública para que sea un verdadero espacio de oportunidades. Pero para eso, tenemos que ser creativos y lograr que esas oportunidades sean verdaderamente atractivas y puedan contagiar a nuestros chicos y chicas el entusiasmo de aprender, la posibilidad de pensar un futuro diferente”.

El aporte de UEPC también fue resaltado y valorado por María José Viola, directora de la Dirección de Divulgación y Enseñanza de las Ciencias del MINCyT:

“UEPC posee un gran compromiso para vincularse e intervenir en los espacios donde discutir qué enseñamos y cómo lo hacemos. Tiene el mérito de ir más allá de la discusión salarial y del mejoramiento de las condiciones laborales de los docentes para plantear un proyecto de educación. Qué educación queremos, para qué sociedad y para qué país”.

Abrir puertas

En el marco de dicho acuerdo, se lanzó además la edición 2016 del programa “Los científicos van a la escuela”, que involucra a 15 escuelas de la provincia y a la Universidad Nacional de Córdoba. Se trata de un programa que propone un trabajo colaborativo entre científicos y docentes, durante varios meses, para lograr el enriquecimiento de las clases de ciencia en el aula. Para ello, se trabaja en el diseño conjunto de actividades de carácter empírico (experimentos, demostraciones, salidas de campo, observaciones directas de fenómenos y especies vivas), dentro de las propuestas de enseñanza en ciencias naturales, física, química, biología y disciplinas afines. Con este acercamiento entre la comunidad científica y la escuela, se procura incentivar el conocimiento general y el gusto por la ciencia en los niños, niñas y jóvenes.

Educación con vocación de futuro

En los últimos años, desde el gobierno nacional se han impulsado programas de equipamiento científico de las escuelas: laboratorios, instrumental y diversos elementos de experimentación. Sin embargo, en muchas escuelas y por diversas razones, estos aportes no han sido aprovechados. “Los laboratorios estaban cerrados y costaba que fueran reconocidos como espacios de aprendizaje. Incluso algunos fueron transformados en depósito o pusieron las computadoras allí”, comenta a modo de diagnóstico Cecilia Della Vedoba, del Área de Divulgación del Ministerio. Por eso, la llegada de los científicos a las escuelas fue un modo de abrir puertas, no solo desde la institución hacia afuera en la vinculación con otras instituciones, sino también hacia dentro, aprovechando pedagógicamente estos espacios.

Programa “Los científicos van a la escuela”

Del total de las instituciones educativas que participan del programa, seis fueron propuestas e incorporadas por UEPC. Se trata de la Escuela primaria “Juan XXIII” e IPEM N° 296 (Villa Unión), de Córdoba capital; IPET N° 200 “Ing. José Palacios”, con orientación en Industria de los Alimentos, de Huerta Grande; IPET N° 60 “Mariano Moreno”, de Cosquín; Escuela primaria “Rafael Obligado”, de Embalse y la Escuela primaria “Mariano Moreno”, de Santa Rosa de Calamuchita. Además, seleccionadas por el Ministerio de Ciencia y Tecnología, participan: la primaria del Liceo Militar “General Paz”, la Escuela municipal “Azor Grimaut”, el IPEM N° 134 “Regino Maders”, el IPEM Nº 115 “Domingo Faustino Sarmiento”, el Instituto Parroquial Nuestra Sra. del Trabajo (Ciclo Básico para jóvenes de 15 a 17 años, PIT para jóvenes de 14 a 17 años, primaria y secundaria para adultos) y el CENMA N° 111, Anexo Corral de Palos, todos ellos de Córdoba capital. Y del interior de la provincia: la Escuela “Dra. Cecilia Grierson”, de Los Cocos; el Instituto parroquial “Bernardo D´Elia”, de Carlos Paz; la Escuela 12 de Octubre, de Etruria y la Escuela Normal Superior de Villa del Totoral.

Las expectativas de los docentes y directivos respecto de este programa son altas. María Inés Macaya es directora de la Escuela “Juan XXIII”, en Barrio Nicolás Avellaneda, de Córdoba capital y espera que la presencia de los científicos ayude a que los docentes se animen a utilizar esas herramientas. “Muchas veces, por la misma rutina y también por miedo, por si se rompe o se dañan, los elementos terminan por no usarse. Ahora, hemos decidido armar los laboratorios, que estén bien a la vista y usarlos, con cuidado por supuesto, pero pensar que están para eso. Mi política es abrir todo, que esté a la mano, que se utilicen los elementos, que estudiantes y docentes salgan del aula, que estén en otros espacios. Para qué dibujar un tubo de ensayos en el pizarrón si lo pueden ver y usar en el laboratorio”.

Para María Inés Macaya, además, el programa es una oportunidad de que la escuela abra sus puertas a la comunidad y sus problemáticas. “Venimos de una zona cercana a Barrio Ituzaingó, una comunidad muy marcada por hechos de contaminación y sensibilizada con esa problemática. También tenemos muchas fábricas cercanas que están contaminando el ambiente. Por eso, vamos a trabajar con Ciencias de la Tierra para abordar -desde una perspectiva científica- estas cuestiones, que nos involucran como parte de la comunidad”.

Despertar vocaciones

Profundizar y mejorar la enseñanza de la ciencia con el aporte y la presencia de los científicos en las aulas genera un puente entre ambos niveles educativos, favorece un cruce de miradas y aportes específicos que se complementan. Cecilia Della Vedoba explica sobre dicho acercamiento, que “…siempre fue un objetivo del Ministerio construir políticas que permitan disminuir distancias y estrechar lazos entre el sistema educativo y los ámbitos de producción de conocimiento académico…”.

El programa propone el trabajo en duplas, integradas por un docente y un científico. Entre ambos, tienen que elaborar un trabajo práctico experimental sobre alguno de los temas del programa de contenidos básicos. “Lo más importante del programa es que plantea un trabajo entre pares”, explica Javier Martin, docente y divulgador de la UNC, integrante del equipo de coordinación. “No viene el científico como alguien superior a mostrar cómo son las cosas, sino que se dispone trabajar de forma colaborativa, o sea, cada uno aportará desde su especificidad. El científico desde su experiencia metodológica y el docente desde su experiencia pedagógica”.

Karina Vélez, directora de la Escuela “Mariano Moreno”, de Santa Rosa de Calamuchita, lo concibe como una instancia de capacitación para los docentes: “Nos abre las puertas para trabajar desde nuevas perspectivas y con otras estrategias. Un abordaje diferente de las ciencias”. También para los investigadores es una instancia de aprendizaje y formación. “Les cambia la mirada y la perspectiva de la educación y de la realidad de las escuelas. Además, el trabajo con el docente le aporta recursos didácticos y estrategias pedagógicas muy necesarias”, subraya Javier Martin.

Pero sobre todo, la posibilidad de desmitificar el trabajo y la figura del científico es, también, un modo de inscribir la vocación por la actividad científica en el abanico de posibilidades de los y las estudiantes de nivel medio, a la hora de elegir, planificar y proyectar su futuro como ciudadanos.