Vínculos creativos con la comunidad y viva vocación docente para defender la escuela pública

Vínculos creativos con la comunidad y viva vocación docente para defender la escuela pública

Gabriela Casas

Cotidianamente, con los docentes conversamos sobre lo que significa enseñar en la escuela de hoy y compartimos la idea de que estamos en un momento histórico singular. Una particularidad de este presente tiene que ver con la posibilidad de participar: fuimos convocados a colaborar en el diseño de la propuesta curricular jurisdiccional. Lo que, a mi juicio, hace interesante esta coyuntura es que se busca recuperar el saber pedagógico que se construye día a día en las aulas.

Nos encontramos también en un momento de incertidumbre, porque todas estas transformaciones nos obligan a ensayar prácticas en el aula, con la comunidad; a veces algunas resultan mejor y otras no tanto, pero las búsquedas se vuelven procesos muy ricos, que nos ayudan a construir una experiencia pedagógica propia y dinámica. Lo interesante de esta incertidumbre es la posibilidad de mirar a la escuela para reconocerla de otro modo, para desnaturalizar algunas prácticas. A veces, en la teoría suena muy bien, pero lo difícil es aplicarlo y creo que ahí reside una posibilidad, en la búsqueda de ese camino.

Hemos tenido una gran capacitación y aún la tenemos, sobre todo a través de procesos de formación que incluyen investigación y lecturas actuales. Creo que lo que está faltando actualmente en las escuelas, es que los docentes, como los últimos eslabones de las políticas educativas públicas, nos apropiemos con viva vocación de nuestro rol. Que a partir de eso, tengamos en cuenta a los alumnos integralmente como personas.

Estoy convencida de que se puede lograr el sentido de pertenencia de los docentes, se puede lograr el trabajo colaborativo, se puede lograr la colegialidad. Para lograr estos objetivos, es fundamental que los procesos de capacitación se vinculen con las prácticas, la tarea diaria de los docentes.

Necesitamos generar procesos integradores de los distintos niveles, fomentar el trabajo grupal y ayudar a que los docentes revean sus prácticas para optimizar su tarea. En nuestra escuela, hemos atravesado una serie de experiencias que nos ayudaron a afrontar el presente de un modo creativo, aprendiendo a través de acciones. Un elemento muy importante fue realizar una planificación del Proyecto Educativo Institucional que atraviesa y vincula todos los grados, desde primero a sexto. Comenzamos hace diez años y los resultados han sido óptimos.

Otro elemento a destacar son los programas que se han desarrollado en los últimos años, como el Programa Nacional de Formación Permanente Nuestra Escuela, que propone la formación gratuita, universal y en ejercicio de todos los docentes del país, el cual nos aportó excelente material para revisitar la escuela y reformular lo que no está bien. Otros programas interesantísimos fueron el Programa PIIE, Ciencia para Todos –entre otros- y ahora, también estamos realizando capacitación para la Jornada Extendida.

Para finalizar, me gustaría compartir una experiencia que, a mi entender, expresa el valor que tiene la escuela pública. En los últimos años, realizamos el proyecto “Todos pueden aprender”, que plantea de un modo muy singular el vínculo con la comunidad educativa y que tiene que ver con el sentido público de la educación. En el contexto de vulnerabilidad económica y social que caracteriza al norte de la provincia, la falta de maestras integradoras es una problemática muy presente. Por eso, propusimos abrir la escuela para pensar formas diferentes de integración educativa.

La iniciativa surgió hace 4 años por parte de las docentes, con la implementación de la unidad pedagógica. Al principio, se trataba de acompañar las trayectorias de los chicos que tenían necesidades especiales. Para ello, un docente se quedaba con el grupo grande y el otro trabajaba con el grupo de niños que necesitaban otros tiempos para aprender. Luego, comenzamos a generar otros formatos. Los padres de los niños empezaron a participar y propusieron que dos días a la semana se juntaran para compartir la merienda en alguna de sus casas y aprovecharan ese momento para hacer la tarea juntos. Las docentes colaboraban planificando las tareas y evaluando el proceso. De esa manera, se generó un espacio planificado, que incluye la participación de los padres y transforma una limitación en una posibilidad.