Diálogo con Fernando Peirone

“La escuela está atravesada por un problema de época antes que pedagógico”

“La escuela está atravesada por un problema de época antes que pedagógico”

Las mayores oportunidades educativas que han permitido a más jóvenes acceder a la escuela, sostenerse en su escolarización y profundizar su inserción en el sistema educativo generan desafíos importantes en distintos niveles, entre ellos el pedagógico. En este diálogo con educar en Córdoba, el docente e investigador de la Universidad de San Martín y Director del Programa “Saber Juvenil Aplicado”, Fernando Peirone, aborda justamente las relaciones entre el saber de niños y jóvenes y el trabajo pedagógico. Pero, sin desconocer los desafíos en ese ámbito, propone también ampliar la mirada y concebir ese desacople entre jóvenes y maestros como un problema de época que atraviesa a muchas instituciones —incluso al propio Estado— y no solo a la escuela.

Gonzalo Gutiérrez (GG): ¿Qué están trabajando en el marco del Programa “Saber Juvenil Aplicado”?

Fernando Peirone (FP): En su modo de habitar el mundo, los jóvenes de la “generación multimedia” o “generación app han desarrollado saberes que resultan fundamentales frente a las demandas y desafíos que el cambio cultural le plantea a las instituciones. En términos de la antropóloga norteamericana Margaret Mead, se trata de un saber, legitimado en comunidades de prácticas, pero que aún no ha sido decodificado ni conceptualizado, y por lo tanto, tampoco ha sido incorporado a una institucionalidad que carece de la cintura y los reflejos necesarios para reinventarse; entre otras cosas, porque confundió la construcción cultural que le dio lugar con un orden natural. Esto produce una brecha experiencial, muchas veces dramática, con frustraciones en ambas orillas. En los pibes, porque no encuentran conexión entre sus prácticas cotidianas y una institucionalidad que trata de socializarlos para una realidad que no es la que ellos habitan. Y en las instituciones, porque ingresaron en una disfuncionalidad evidente y no logran interlocución con quienes poseen muchas de las claves que hacen falta para interactuar con la sociedad actual. El ejemplo más evidente lo encontramos en la familia y la escuela secundaria, porque son las instituciones que no pueden eludir el contacto y la convivencia con estos jóvenes. Tomemos el caso de la escuela. Cuando estos pibes van a la escuela sienten que ingresan en una película “retro”, donde impera una cultura que, a pesar de tener vigencia y gravitación, no tiene relación con su realidad cotidiana. El Programa de Saber Juvenil Aplicado es una consecuencia directa de este desajuste. Investigamos la producción de saber de esta generación y analizamos el modo de articularlo con la escuela, entre otras instituciones.

GG: Te referís al desencuentro entre la escuela y los jóvenes. ¿En qué momento no hubo un desencuentro, y en todo caso, qué es lo que cambia en el desencuentro actual?

FP: En general, los conflictos intergeneracionales se producen por los desacuerdos entre dos generaciones que comparten el mismo tiempo, pero lo viven de manera desigual. Entre dos grupos etarios que habitan un tiempo convergente, pero que -como dice el sociólogo Marcelo Urresti-, tienen diferentes marcos de significación y valoración, de acuerdo a perspectivas y experiencias encontradas. Esto, por supuesto, tiene una dimensión política que está dada por un grupo emergente que reclama su derecho de entrada y otro, instituido y dominante, que defiende sus conquistas y sus provechos. Ahora bien, en la actualidad, este esquema se ha modificado en dos aspectos fundamentales. Por un lado, hay una notable disminución etaria del actor que produce los conflictos y por otro, una radical alteración de su lógica existencial, que devino en un rasgo central del conflicto. Que la edad de quienes plantean los conflictos haya bajado unos cinco años respecto de los Baby Boomers (en los sesenta) y la Generación X (en los noventa), modifica el tipo de discusión y los modos de plantear las divergencias; pero también cambia las instituciones que reciben el impacto. Para quien no ha ingresado a la vida pública de un modo acabado, la oposición no alcanza un estatuto político, porque no plantea una disputa; su oposición se expresa más bien como rebeldía o desafectación. Y acá es donde entra el segundo aspecto. Coincidente con el desinterés por lo instituido, estos jóvenes han desarrollado una actitud vital que, de la mano de las tecnologías interactivas, interpela la estructuración del orden social. Pero no lo hacen en un código político, disputando o cuestionando espacios; lo hacen desde un paradigma cultural diferente, simplemente desplegando otra nueva manera de ser. Pensemos, por ejemplo, las derivaciones de incorporar identidades móviles, múltiples y conjuntivas en una cultura que desde Aristóteles organiza la subjetividad bajo el principio de no contradicción. Se era hombre o mujer, bueno o malo, judío o cristiano; no había intersecciones ni polivalencias. Pensemos las consecuencias de adoptar una extimidad desembozada y recombinante en la cultura que edificó un sistema alrededor de la tríada intimidad, individualidad y propiedad privada. Ahora pensemos todo esto conviviendo en el interior de la escuela, porque esa es la institución en la que este conflicto adquiere su mayor manifestación. Este choque cultural es lo que produce esa mezcla de desconcierto y voluntad resignificadora que atraviesa a la escuela secundaria en este momento.

GG: Existe cierta crisis en cuanto al legado que los adultos les dejamos a los jóvenes, pareciera que no quieren recibirlo, y eso instala una situación inédita. Más en la escuela, donde el docente está diciendo: “Mirá qué interesante esto”, y el estudiante está diciendo: “No me interesa ni quiero saber para qué sirve”.

FP: No es que a los pibes no les interesa lo que le enseñan. En realidad, no advierten cuál es su utilidad, más allá de la forma en que se enseña y del modelo institucional, que son dos complementos importantes de este desajuste. Hasta hace poco, la escuela era la institución que proveía los aprendizajes vitales y significativos de nuestra formación. Pero como dice Tenti Fanfani, la escuela ha perdido el monopolio de la inculcación de significaciones. Hoy, más del 60% de los conocimientos que adquiere un pibe para interactuar con el mundo no están provistos por la escuela ni por los adultos. Y esto no ocurre solamente en Argentina, es una realidad global, como global es la generación de la que hablamos. En cada lugar, por supuesto, esta alteridad se expresa de manera diferente, de acuerdo a realidades sociales, culturales y geográficas propias. No obstante, hay algunos rasgos comunes, como el uso socialmente incluyente de las TIC y la modificación en los patrones de conocimiento y aprendizaje. Sin modelos vivos que les sirvan de referencia ni instituciones acordes a su socialidad, los jóvenes actuales entendieron que hay situaciones y problemáticas que no pueden abordar ni dominar de manera individual. Entonces, con el acceso a las tecnologías interactivas, desarrollaron una cognición colectiva que amplió el sentido de sus prácticas sociales en un registro cultural divergente. A esto nos referimos cuando decimos que los jóvenes actuales han desarrollado un nuevo modo de habitar el mundo y una nueva politicidad. Lo cual no es otra cosa que una cosmovisión en acto.

GG: En UEPC tenemos un Programa de Consulta Pedagógica, que trabaja con demandas realizadas por los colectivos docentes. Las intervenciones realizadas desde allí nos han permitido advertir que existen diferencias internas importantes en las dinámicas de escolarización del nivel secundario. En el ciclo básico, donde se concentra la mayor matrícula, pero también el 70% de los repitentes, los problemas son muy diferentes a los existentes en el ciclo de especialización. En este ciclo, el trabajo docente tiende a concentrarse en la construcción de pautas de socialización y reconocimiento a la autoridad; entre 4º y 6º año la discusión es otra y tiene que ver con qué posibilidad tiene la escuela de argumentar ante los jóvenes sobre las razones por las que adopta ciertas decisiones (cómo se evalúa, o cómo se organizan los contenidos, por ejemplo). Aunque los conflictos son diferentes, en ambos casos se observa la necesidad de construir con los estudiantes un sentido compartido sobre lo que los reúne en el espacio escolar, como condición para construir una relación con el saber.

FP: Sí, y creo que en breve van a tener que agregar el ciclo superior de la escuela primaria. Porque, aunque no sé si podemos hablar de tendencia, los conflictos intergeneracionales siguen bajando. Los niños, históricamente, fueron participantes periféricos del mundo social de los adultos, pero hoy esa ecuación se alteró y se recombinó. Entonces, tenés padres que por el desfasaje cultural que tienen con sus hijos, sienten que no pueden comprenderlos ni supervisarlos; y por otro, tenés a pibes que con 9 o 10 años están haciendo planteos que antes hacían los adolescentes. Por eso, sería bueno entender que la escuela está atravesada por un problema epocal antes que pedagógico. La escuela no es la causante de la desubicación que experimentan los pibes, porque es un problema mucho más extenso, es un problema cultural. Y por la misma razón, no es la única responsable de solucionarlo. Se expresa más fuertemente en la escuela secundaria, sí; pero es porque de toda la constelación institucional es la que menos posibilidades tiene de eludir el roce con los jóvenes actuales. Y esto, aunque nos traiga algunos dolores de cabeza, es una ventaja comparativa importante. Porque a diferencia de lo que ocurre en otros países, la obligatoriedad del nivel y Conectar e Igualdad, son políticas públicas que agudizan las contradicciones y nos enfrentan al problema. A partir de lo cual estamos conminados a generar puntos de encuentro y entendimiento para una interlocución que necesitamos todos, tanto los pibes como nosotros. Ellos, porque habiendo dominado la instancia conectiva consiguieron una interacción funcional, y tal vez necesiten pasar a una instancia de intercambio más consciente, programática y propositiva. Nosotros -es decir, la institución escolar-, porque ya conocemos los costos y las limitaciones del proyecto universalizador de la modernidad, y tal vez debamos hacer un ejercicio de humildad para explorar un modelo pedagógico que dialogue proyectivamente con la cosmovisión de los jóvenes. Esto no es poco. Sobre todo, si pensamos que la escuela se enfrenta a este desafío, mientras otras disciplinas y buena parte de las instituciones rehúyen el diálogo y dilatan un conflicto que, aunque lo nieguen, ya está corroyendo sus fundamentos.

GG: Al situarlo en términos de cambio de época, lo podemos pensar como parte de un proceso que será más largo. Porque muchos de los docentes que se van a ir incorporando pertenecen justamente, a esta camada de jóvenes. Y ahí habría que ver cómo van a construir los vínculos estos jóvenes, en tanto docentes, y cómo será la relación institucional con un saber que ellos también van a dominar.

FP: ¡Claro! De hecho, la “Generación Y”, un poco más grande que la de los que están en la escuela secundaria, está produciendo una creciente incomodidad en la esfera pública. Sus gestos pasaron de ser fenómenos más o menos aislados a representar un rasgo colectivo cada vez más extenso, con conflictos en cada campo que intervienen. El primero en advertirlo, con el reflejo que lo caracteriza, fue el sector privado. Los empresarios notaron que les costaba organizar el management y fidelizar a sus empleados más jóvenes, que dos o tres veces por mes les mandaban un SMS diciendo: “Hoy no voy a trabajar, me quedo a hacer home office”, o el 23 de diciembre recibían un mail de otro que les decía: “Aprovecho el feriado largo y después de Navidad me voy un mes a Brasil”. Así que, cuando estos comportamientos dejaron de ser aislados, contrataron a consultoras para que les digan qué estaba sucediendo. Lo que observaron las consultoras, y sobre esto hay bastante bibliografía, es que los “Jóvenes Y” tomaron muchos conceptos y valores que orientaban nuestros comportamientos y los llenaron de nuevos sentidos. Se apropiaron de significantes fatigados, que habían perdido su virtud cohesionadora y los remixaron en función de sus propias prácticas y su propio contexto. Esto reorganiza el sentido de sus elecciones y de sus gustos, pero también les permite emitir juicios, discriminar comportamientos adecuados de aquellos que a su juicio no lo son; más aún: les permite precisar cualidades y legitimar nuevas posiciones de poder. Por supuesto, no todos los “Jóvenes Y” tienen la posibilidad de prescindir de su trabajo, ni se comportan de la misma manera. Pero eso mismo, en un registro diferente, lo podemos ver en el modo que la producción fabril se ve alterada por códigos y hábitos que contradicen la tradición obrera; en el modo en que son interpeladas culturas que durante mucho tiempo habían permanecido aisladas; o en el modo en que estos jóvenes comienzan a desordenar cierta lógica sindical. Para mí, y esto es una interpretación personal, Manning, Snowden y Falciani son expresiones imperfectas y vanguardistas de este desacuerdo. Lo mismo que los llamados “nuevos movimientos sociales” y la resignificación de la política que lleva adelante “Podemos” en España. Todas estas manifestaciones son aproximaciones a un cambio, que también tiene su expresión en el campo educativo. Porque lo que Snowden es a la política, el software libre lo es a la educación. El Manual de Pedagogía para el aprendizaje entre pares (Peeragogy Handbook), creado por el equipo de Howard Rheingold, tiene esa impronta. Lo mismo que las variaciones disciplinares y espaciales que, con esta generación a la cabeza, ensayan algunos proyectos educativos en la actualidad. Y si bien es cierto que tienen resultados desparejos, y aún no tenemos elementos suficientes para predecir el resultado que estos cambios tendrán en el futuro, tampoco tenemos datos para negarnos las expectativas.

GG: ¿Cómo sería una institución acorde a esta época y a estos jóvenes?

FP: Eso es algo que deberíamos pensar entre todos. Porque debería erigirse sobre un saber pedagógico que todavía tenemos que construir. Algunas claves tenemos y otras emergen de las prácticas cotidianas en el campo, pero evidentemente tenemos que realizar un trabajo de deconstrucción importante, porque no nos olvidemos que los adultos transitamos nuestra propia crisis. Los significantes maltrechos y agotados que los jóvenes resignifican son los nuestros. Los de una cultura tan endogámica y autorreferencial que se volvió refractaria a todo aquello que no la reafirme. En este sentido, Wikipedia es un modelo institucional para observar. Es el emprendimiento que más fuertemente interpela al modelo institucional moderno, pero además, paradójicamente, es ¡una enciclopedia! Wikipedia asestó un golpe certero en el corazón de la lógica enciclopédica, que concibe al conocimiento como un dispositivo de dominación. Su concepto colaborativo, su formato descentrado y su dinámica online, además, derrumbó el proyecto de conocimiento privativo más potente que había generado el capitalismo tardío, como fue Encarta. Hoy, Wikipedia no solo es un modelo institucional, es un modelo de producción de conocimiento divergente y es un modelo de negocio; más aún, es una de las columnas identitarias en que se reafirma el cambio epocal.

GG: ¿Qué cosas deberían tener en cuenta los docentes al momento de pensarse en un escenario tan incierto y desconcertante?

FP: No hay una receta para esto, más que la auto-recomendación de relativizar nuestro sistema de legitimación y nuestro repertorio de verdades. Quizá en esa clave deberíamos re-pensar nuestros vínculos con el mundo. Con menos densidad existencial. Como hacen los pibes cuando resignifican nuestros “valores”. Sin rigidez y sin prejuicios, integrando al error como parte del juego. Comprender el modus operandi de los jóvenes actuales conlleva un aprendizaje y un cuidado. Porque ese saber que hoy es un tanto errático, en el futuro inmediato será fundamental para el reposicionamiento cultural que se avecina. Tenemos la obligación de protegerlo, porque si no, será fagocitado por la lógica del mercado. Fijate el caso de los booktubers. Son adolescentes que comparten sus lecturas con frescura y sin mayor especulación que la de ser reconocidos y gratificados por los comentarios de sus pares. ¿Pero qué hace el mercado? Les manda libros para testear la viabilidad de futuras sagas y autores, les pagan por cantidad de seguidores. Los desnaturaliza. Esa es una acción basada en la comprensión que la escuela también podría tener. Y para eso no hace falta una resolución del Consejo Federal de Educación, solo hace falta estar atento a lo que le pasa a los pibes.

GG: Trabajando en algunas investigaciones del Programa de Inclusión y Terminalidad (PIT) de 14 a 17, se advirtió que la mayor necesidad de los chicos que se estaban reinsertando en la escuela era la de ser reconocidos en su diferencia. En la medida que los docentes puedan empezar a hacer algo de esto, algunas cuestiones del orden de la relación con el saber pueden empezar a tomar una forma diferente.

FP: Sí, pero también hace falta reconocer a los docentes. El ausentismo docente, sin ir más lejos, no está al margen de lo que hablamos. Si pensamos que el ausentismo es solo una patraña para poder aprovechar las licencias que permiten los convenios colectivos de trabajo, estamos reduciendo el tema. Sin negar que hay algo de esto que debemos atender y resolver, me parece que se trata de una problemática más compleja. Tenemos que recuperar los espacios institucionales de discusión y aprovechar los que generan programas como Nuestra Escuela, que recuperan la dimensión colectiva del trabajo docente. Las escuelas son espacios vivos y los docentes son quienes deben dotar de sentido a la escuela, para articularla con la cultura en la que se encuentra inserta. Pero para eso, no solo hay que darle reconocimiento al saber de los jóvenes; también hay que darle reconocimiento y posibilidad al saber de los docentes. Porque el docente es quien diariamente sostiene un modelo educativo gastado, cuyo contraste con la realidad cultural actual verifica cada vez que atraviesa la puerta de la escuela, frente a padres desconcertados y frente a un sujeto de aprendizaje que ha mutado radicalmente. Porque son los docentes quienes viven inmersos en una realidad esquizofrénica y deben “remar en el dulce de leche”, para sostener un dispositivo institucional que aún no consigue hacer pie en el nuevo proyecto histórico. Pero también son ellos quienes deben desandar un camino sobre el que tienen una cuota importante de responsabilidad.

GG: Eso instala la pregunta sobre cuál es el lugar del Estado para poder generar algunos marcos donde estos reconocimientos se puedan construir. ¿Ustedes en las investigaciones han podido avanzar en relación a esto?

FP: La nuestra es una investigación que está en proceso, todavía sin conclusiones definitivas. Pero, por lo que pudimos observar, el Estado no es refractario a nada de esto que estamos hablando. De hecho, lo que dio lugar al Programa “Saber Juvenil Aplicado” es un paso que realizó primero el Ministerio, mostrando interés por el saber juvenil y su relación con la mutación cultural, y después la universidad pública, primero la de San Martín, creando el programa, y después la de Villa María, sumándose con su equipo a la investigación. El Estado argentino no le da la espalda a estos temas. Lo cual tampoco es muy común. Mirá lo que pasa en México, en Paraguay, o en Chile. Igual, los pibes se hacen escuchar, son expertos en gestionar comunidades con herramientas y recursos realmente novedosos. Bachelet (Presidenta de Chile), por ejemplo, utilizó una treta política para sortear los reclamos que le hicieron los estudiantes secundarios en 2006, durante la llamada Revolución de los Pingüinos; pero en 2011, esos pibes estaban en la universidad y se movilizaron por la reforma educativa logrando el apoyo de casi toda la población. Así que en 2013, la Concertación no pudo darles la espalda y tuvo que incorporar el reclamo histórico de los estudiantes para poder ganar. Estos pibes, que tienen la capacidad de producir estos acontecimientos políticos, en diez o quince años van a conducir el mundo. No pensemos que son la salvación de nada, pero tampoco les coartemos la posibilidad de resignificación.