DOSSIER

Más tiempo, una oportunidad inédita para enriquecer la enseñanza

Más tiempo, una oportunidad inédita para enriquecer la enseñanza

Cecilia Veleda

La educación primaria tiene en estos años una oportunidad inédita de transformación. La extensión de la jornada escolar puede ser una vía privilegiada para enfrentar los desafíos pendientes del nivel, entre los cuales garantizar el acceso a los aprendizajes prioritarios, reducir la (sobre) edad, ampliar el universo cultural de los alumnos, favorecer otros modos de organización institucional y renovar las estrategias de enseñanza, ocupan un lugar central.

Contar con más tiempo es muy importante para la Argentina, que tiene menos horas anuales de instrucción que países como Chile, Brasil o Uruguay; y más necesario aún para las escuelas de contextos más críticos, donde cuatro horas de clase no alcanzan porque la jornada está atravesada por los problemas sociales, los conflictos, el ausentismo de los alumnos y de los docentes.

Luego de que la Ley de Educación Nacional estableciera, en 2006, el objetivo de extender la jornada en las escuelas primarias de gestión pública del país, en 2011 se dio inicio a una política federal de ampliación de la jornada escolar. Con apoyo financiero del Ministerio de Educación de la Nación y según lineamientos consensuados a nivel federal, las provincias están inaugurando o profundizando su implementación.

Córdoba es una provincia pionera en la materia. Luego de la Micro Experiencia del año 2000 y de la Jornada Ampliada de 2005 (que comprendió unas 175 escuelas), desde 2010 la provincia viene implementando la política de jornada extendida, que en 2014 alcanza a unas 838 escuelas. Focalizada en el segundo ciclo y con prioridad en el 6º grado, esta iniciativa suma dos horas diarias de clase dedicadas a Inglés, Educación Física, Artes, Ciencias Naturales y Literatura, a través de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC).

Pero la prolongación del tiempo cronometrado tiene que ser una ocasión para mejorar el tiempo vivido. La jornada escolar es un tiempo potencial. El interés por extenderla depende, sobre todo, de la cualidad del tiempo prolongado. Los estudios internacionales muestran que esta política mejora los aprendizajes, pero en muchos casos a un costo económico alto para un impacto bajo. Por eso, como toda gran oportunidad, la extensión de la jornada escolar supone también un gran esfuerzo de cambio y esconde grandes riesgos.

Desde su espacio de trabajo cotidiano, los directores y docentes tienen una responsabilidad ineludible en la implementación de la jornada extendida y el logro de sus objetivos. Apoyándonos en un estudio comparado sobre las políticas provinciales de extensión de la jornada escolar y sus efectos en las escuelas desde la perspectiva de los directores y docentes, aquí compartimos algunas pistas para quienes tengan la suerte de aprovechar esta gran oportunidad.

En primer lugar, el ingreso a la jornada extendida puede servir para renovar el proyecto institucional: no se trata solo de sumar algunas horas extra, también es una ocasión para revisar los objetivos, la organización y las prácticas pedagógicas de toda la escuela. Gracias a tener que correr menos detrás de los programas, organizar más reuniones entre docentes, contar con espacios más desestructurados de encuentro con los alumnos (como los almuerzos o los talleres) y ensayar nuevas propuestas en los talleres (para luego trasladarlas a las horas de clase habituales), la extensión de la jornada puede ser el punto de partida para un nuevo contrato con la profesión y con los alumnos.

Es importante que la revisión del proyecto institucional parta de un serio ejercicio de autoevaluación integral, que comprenda las problemáticas de toda la escuela. Este ejercicio podría basarse tanto en indicadores “duros” sobre las trayectorias y aprendizajes de los alumnos, como en las percepciones de los docentes y de los padres. Es clave para esto mirar clases y dejar mirar las propias clases. Es necesario abrir las puertas de las aulas, invitar a otros docentes, a los directivos; filmar las clases y analizarlas en las reuniones de equipo y horas institucionales. Ver qué funciona, qué manera de organizar los grupos o usar tecnologías, qué textos, qué ejercicios. Hay que repensar a fondo la pedagogía y hacerla visible.

En segundo lugar, con la extensión de la jornada escolar debería reducirse al mínimo el fracaso escolar. La repitencia refleja una tradición escolar que hoy encuentra sus límites. Una tradición que tendió a enseñar lo mismo, del mismo modo, al mismo grupo de alumnos y a un mismo ritmo, sin otras alternativas que la repitencia para quien no sigue el paso.

Cada alumno debe recibir más tiempo, se debe personalizar la enseñanza. Entender la complejidad de los casos, los diferentes ritmos. Podrían armarse, por ejemplo, grupos más pequeños de alumnos con mayores necesidades de apoyo junto con otros más avanzados, para limitar la estigmatización y que los unos aprendan con los otros.

En tercer lugar, debería garantizarse el acceso a los saberes fundamentales, ya que ningún chico debería repetir, pero todos deben concluir la escuela primaria habiendo adquirido los núcleos de aprendizaje prioritarios (NAP), indispensables para la inserción plena en la sociedad. Para garantizar los NAP es preciso concebir estrategias sistemáticas y convergentes de enseñanza. El espacio de “acompañamiento al estudio” y cada una de las propuestas, talleres y proyectos deben orientarse a fortalecer los NAP, no idearse en función de las capacidades e inclinaciones de los docentes.

Es importantísimo articular las clases de los distintos docentes. Todos deben compartir objetivos, intercambiar miradas sobre los alumnos, coordinar las estrategias de enseñanza y evaluación. Es por esto que resulta tan importante preservar espacios de intercambio entre los docentes, tanto a través de reuniones periódicas como de otros medios (los cuadernos de mensajes puestos en práctica por varias de las escuelas visitadas o los mails, por ejemplo).

En cuarto lugar, la extensión de la jornada escolar abre una ventana inédita para conducir a los alumnos hacia nuevos mundos. Especialmente, en el caso de los chicos de los contextos más postergados, que suelen tener menos ocasiones para explorar sus capacidades en actividades como las artes, los deportes, los idiomas o las nuevas tecnologías, que las clases medias pueden adquirir en la esfera privada.

Inglés para todos, experimentos en laboratorios desempolvados, búsquedas y lecturas en internet, campamentos, olimpíadas deportivas, visitas a museos, danzas folklóricas, recuperación de espacios barriales, obras de teatro… Para que el tiempo adicional se traduzca en vivencias intensas y fructíferas, la concepción de las propuestas debe partir de la mirada de los alumnos. ¿Qué disfrutan los chicos, qué necesitan? ¿Cómo dar vuelta todo lo que los abruma y aburre? ¿Cómo apasionarlos para que lleguen cada día con más entusiasmo? ¿Cómo ofrecer propuestas de la máxima calidad posible? ¿Cómo hacer de la escuela un lugar inolvidable?

En quinto lugar, la extensión de la jornada invita a hacer de la escuela un ámbito menos institucionalizado, rígido y formal. Al contar con más tiempo y hacerlo en forma más distendida, las escuelas tienen mayor aire para hacer cosas nuevas en el plano organizacional, variando los grupos, utilizando de nuevos modos los espacios y explorando nuevas metodologías de trabajo.

¿Qué otras actividades pueden desarrollarse en los espacios comunes y tradicionales como las bibliotecas, los patios y los salones de informática? ¿Cómo incorporar las TIC a las distintas actividades? ¿En qué propuestas puede ser enriquecedor unir grupos de distintos años escolares? ¿Cuál puede ser la ventaja pedagógica de reunir a dos docentes en una clase? ¿En qué proyectos puede ser interesante salir de la escuela? ¿Cómo aprovechar el espacio del comedor para afianzar la relación personal con los alumnos y fortalecer la educación nutricional?

Desde los proyectos de recuperación de la plaza barrial, pasando por las olimpíadas institucionales, las sesiones de cine después del almuerzo, o la hora de lectura debajo del árbol en el patio, solo parece ser cuestión de abrir la imaginación pedagógica. Para los sectores populares, esta oportunidad es irremplazable porque es una forma de inclusión, de valoración de saberes diversos y de fortalecimiento de la autoestima.

En sexto lugar, la ampliación del tiempo escolar puede habilitar una auténtica refundación de la relación con la comunidad, ya que pueden generarse nuevos espacios de diálogo y participación. Los padres necesitan ver algún producto de lo realizado en las horas de extensión, cuyo trabajo no siempre queda plasmado en los cuadernos. En este camino, distintas estrategias como la elaboración de informes, la organización de reuniones, la invitación a clases abiertas, la participación en sesiones de lectura u obras teatrales, las encuestas de opinión o la realización de muestras anuales pueden ser útiles para informar, convocar y comprometer a las familias.

Así, la extensión de la jornada escolar puede constituir una vía para recrear el contrato social de la escuela, al involucrar más y mejor a las familias en la vida escolar. Pero abrir de nuevos modos las puertas de la escuela, en particular a los padres de sectores populares que más alejadas están de la cultura escolar, exige realizar una acción de reconocimiento. Es decir, que los docentes puedan repensar sus concepciones acerca de las pautas culturales y de crianza de la comunidad que atienden, conociendo y comprendiendo mejor sus causas profundas. Solo de este modo se podrá fundar una relación sobre pilares más sólidos.

He aquí algunas pistas para aprovechar los nuevos tiempos de la educación primaria. En nuestras escuelas enseñan, todos los días, docentes apasionados y comprometidos con la vida de sus alumnos. Sabemos que muchos de ellos son héroes ocultos, que dan lo mejor de sí y están dispuestos a asumir el reto que se les propone. Quizás estas sugerencias les sirvan en el sinuoso y estimulante camino que están recorriendo, para que los chicos que permanecerán más tiempo en la escuela (muchas veces, los que menos oportunidades tienen), vivan una experiencia atractiva formadora y enriquecedora.