Editorial

Los tiempos de la Escuela

Los tiempos de la Escuela

Juan B. Monserrat

Al elegir el tema de los tiempos escolares como eje temático de nuestra revista educar en Córdoba, nos proponemos invitar a nuestros lectores, a los docentes, a quienes toman decisiones o inciden en la elección de estrategias de abordaje a problemáticas cotidianas, a que reflexionemos acerca de nuestro trabajo diario, de cómo lo organizamos, de qué manera lo podemos potenciar y mejorar, de cómo alcanzar mejores resultados con las herramientas que tenemos a disposición. También a buscar otras que nos hacen falta para cumplir con el cometido de incluir, de igualar, de hacer realidad el derecho de los estudiantes de contar con una educación significativa y de calidad, que el Estado efectivamente sea el garante de ese derecho, y que los niños dejen de estar discriminados por su condición de origen, por sus biografías, por su historia personal y familiar.

Como trabajadores organizados, estamos atentos a las críticas que se alzan en contra de las políticas de inclusión educativa. La gran mayoría acuerda con la decisión de incluir, pero no dejan de observar los modos de implementación de tales decisiones, echando culpas a distintos actores del quehacer educativo, sin reparar en lo que hicieron o dejaron de hacer cuando tuvieron responsabilidades de gestión.

Sabemos lo que se dice, expresa y publica. Los señalamientos comienzan por definir como parte del fracaso a la connivencia entre el gobierno y los gremios docentes, a la inversión que se ha logrado tras la Ley de Financiamiento Educativo, a manifestar que los docentes no son eficaces, que no se logran aprendizajes significativos, que no son satisfactorios los resultados de las pruebas de evaluación, que los docentes se ausentan de la escuela. Son estas algunas de las más conocidas críticas exhibidas en los medios de comunicación y en algunos lugares de debates pedagógicos, como un modo de enunciar males por los que atraviesa la educación pública. Pero al mismo tiempo, constituye un modo de ocultar los avances que se vienen logrando con esfuerzo, paciencia, constancia, decisión y perseverancia de quienes entendemos que los cambios hay que vivirlos, procesarlos, acompañarlos y, por sobre todas las cosas, debemos contribuir para crecer todos juntos.

Nuestra respuesta será garantizar que estos debates se democraticen, poniendo en juego las voces de quienes con su trabajo cotidiano van construyendo y sosteniendo la educación. Somos docentes, trabajadores de la educación y defensores de la escuela pública. Creemos en los consensos y estamos dispuestos a poner en consideración nuestro saber, para sumarle todas las miradas posibles que coincidan en que la educación y el conocimiento son un derecho humano, que debe estar garantizado por el Estado y disponible para todos los niños y jóvenes.

En esta línea de construcción de la política pública, somos protagonistas; no eludimos participar en los ámbitos donde se nos convoca para aportar nuestras miradas y propuestas. Como lo venimos haciendo en el Consejo Provincial de Políticas Educativas, cuando abordamos la Autoevaluación Institucional; en el Consejo Federal de Educación y en el marco del acuerdo paritario a nivel nacional; poniendo en marcha el programa “Nuestra Escuela”, una iniciativa federal de formación gratuita, universal y en servicio para todos los docentes del país. Hoy sentimos una satisfacción enorme de que nuevamente se nos convoca a consensuar miradas sobre el tiempo escolar, como parte de la agenda de la política pública de la educación en Córdoba.

Debatiremos temas difíciles, que generan tensión, como el ausentismo de los docentes y de los alumnos, los ciento noventa días de clase, la jornada extendida, la obligatoriedad del secundario, el trabajo colectivo y colaborativo, la capacitación en servicio, los cambios curriculares, el respeto a los derechos del docente y los tiempos de los alumnos, los formatos escolares, la organización disciplinar de la escuela, entre algunas de las muchas temáticas que se incorporarán para sumar miradas y aportar soluciones.

Sabemos que la modificación del formato escolar implica un cambio en las condiciones y las formas del trabajo docente. Nuestros estudiantes están irrumpiendo en la escuela con nuevas biografías, nuevas subjetividades, nuevas herramientas tecnológicas que ponen en tensión y en contradicción ese dispositivo socialmente válido que es la escuela, transformando las condiciones y demandas hacia el trabajo docente. Precisamente por este motivo, resulta necesario hablar del tiempo escolar desde todas sus dimensiones, como lo hacemos en este número de educar en Córdoba, con el propósito de ampliar y complejizar su abordaje, para brindar herramientas e invitar a una discusión más sincera y profunda.

Nuestro lugar como actores políticos se modifica. Por ello, debemos sumar a nuestra constante lucha en la defensa gremial, un rol más activo y comprometido en relación a la política pública. La agenda gremial en torno a lo salarial, laboral, los derechos y los deberes, ahora debe sumar el objeto de nuestro trabajo, que es la escuela y la educación. La organización del tiempo escolar, que articula lo laboral y lo pedagógico, es aún una cuenta pendiente en la construcción de una escuela más justa.

Como trabajadores de la educación, pero sobre todo como protagonistas de la democracia, apostamos a que estos debates se den en la forma más abierta posible. Por ello, en esta publicación, proponemos un análisis profundo sobre este tema, que preocupa tanto a los docentes como a la política pública. Más allá de lo técnico o lo estrictamente pedagógico, sabemos que hay una transformación social profunda, que va de la mano de respetar los derechos, de garantizar oportunidades, de querer incluir, de desafiar la fragmentación social. Encontrar las herramientas adecuadas para ese objetivo es nuestro desafío y nuestra tarea.