“Tenemos que entregar nuestra confianza a los alumnos”

“Tenemos que entregar nuestra confianza a los alumnos”

Norma Castagno

El Proyecto de Convivencia que otorga créditos a los alumnos que venimos implementando desde 2003, busca recuperar el valor de confiar en el otro. Para eso tenemos que poder entregar nuestra confianza y ver qué hace el otro con eso. Nunca debemos olvidar que estamos en un espacio educativo y que los chicos están en crecimiento. Es lógico que puedan cometer un error y, ante eso, ¿los adultos dejamos de creer en ellos?, ¿su error es una marca indeleble? Los docentes, en muchos casos, fuimos formados en una tradición en la que los errores marcaban, señalaban, eran algo absoluto y no formaban parte de un aprendizaje, ni eran una oportunidad para aprender.

En nuestra institución creemos que, dado que estamos en un espacio educativo, todo lo que se hace debe tener esa impronta. Los profesores no solamente educamos cuando transmitimos contenidos. Lo hacemos con todo con nuestro ser y nuestro accionar: si entramos al aula y saludamos con una sonrisa; si somos atentos y escuchamos al otro; en todo eso ya estamos educando. Ya quedó atrás ese secundario elitista, en el cual el docente tenía que brindar contenidos y que reservaba a la familia la educación sobre otras cuestiones -la convivencia, la tolerancia, el vivir juntos-. Es muy distinto pensar una escuela media que era para unos pocos privilegiados al secundario actual, que afortunadamente está al alcance de todos y nos fuerza a aprender a convivir en la diversidad. Por otra parte, siempre hay que enfatizar que todos estamos aprendiendo, no solo los alumnos.

La implementación de este sistema influyó en muchas áreas de nuestra institución. Cuando se disponen decisiones de este tipo no solo impactan sobre el abordaje de la convivencia, sino también sobre la transmisión de conocimiento. El espíritu de este sistema de créditos -que es también el de nuestro PEI- nos obligó a acomodar todas nuestras prácticas, ser inclusivos en muchas dimensiones. De hecho, implica cambios aún en la actualidad y analizarnos en muchas facetas: si trabajamos en equipos; cómo estamos distribuyendo el poder; si hay áreas de competencia o un manejo centralizado, etc.

Una de las grandes claves del sistema es la reparación, porque si no los chicos lo usan con la misma lógica que las amonestaciones. Para eso tuvimos que trabajar mucho con los profesores, de manera que en el momento que pidieran la baja de créditos para un alumno plantearan cómo podía reparar esa baja y en qué plazo, una especie de contrato de cambio. Y además es clave otra cosa: que antes de bajar los créditos, los profesores hayan agotado instancias de diálogo con el alumno.

Por último, siempre decimos que la implementación de este sistema no hizo que en nuestra escuela desaparecieran los conflictos, tenemos los mismos que tienen todas las escuelas. Pretender que no haya conflictos es utópico y no era nuestra idea. Pensemos en nuestra vida cotidiana: si estamos en relación con otros hay conflicto. El conflicto es parte de la vida, el tema es tomarlo de manera positiva, como sinónimo de estar vivos y como oportunidad para aprender. Nuestro objetivo era trabajar con ellos, aprovecharlos, usarlos en nuestro favor. Naturalmente que es más arduo y lleva más tiempo, pero también es más rico, porque hay un encuentro con el otro. En ese sentido, es muy movilizador escuchar los argumentos de los alumnos. Si solo juzgamos un hecho por las apariencias, nos perdemos los motivos de lo que pasó.

Por otra parte, lo que intentamos en la escuela es erradicar ese mito de que hoy los adolescentes son raros, malos y no tienen valores. Lo que ocurre es que cambian los valores, la ubicación de esos valores y sus prioridades. Y los docentes debemos ser capaces de comprender eso.

Una alternativa en permanente revisión

A partir del debate de docentes y directivos de la institución, desde 2003 el Instituto “Fray Mamerto Esquiú” puso en práctica un nuevo sistema para trabajar la convivencia en la escuela, basado en “créditos”, desplazando así gradualmente al de amonestaciones. La nueva modalidad está basada en la confianza y la credibilidad sobre los alumnos, considera al error como una instancia de aprendizaje y otorga un papel clave al diálogo y la mediación.

Los estudiantes comienzan el año con 100 créditos, que representan el cien por ciento de credibilidad que la institución tiene en ellos. A medida que transcurre el ciclo lectivo, pueden demostrar que lo mantienen, pueden perderlos o ampliarlos haciendo acciones positivas. La diferencia sustancial con el sistema de amonestaciones es que si el alumno reconoce su error, puede repararlo -a través de un acuerdo con el docente- y recuperar los créditos perdidos.

El esquema contempla consejos de aula -integrados por docentes, preceptores y estudiantes de cada curso-, espacios de diálogo donde se debaten los problemas de convivencia. También contempla un consejo general de la escuela -con directivos, docentes y representantes de todos los cursos-, donde se discuten reformas a nivel institucional.

En el momento en que se hace algo que no está permitido, uno le da lugar a los chicos para que piensen de qué forma ellos pueden reparar lo que hicieron, y eso nos permite pensar de qué forma le volvemos a dar confianza, para que desde ambas partes se aporte a una solución. Habiendo una reparación, es difícil que se vuelva a cometer el mismo error”.
Evangelina Agüero (Preceptora)

Atravesé los dos sistemas -el de amonestaciones y de créditos- y realmente era terrible que un chico quedara fuera del sistema por amonestaciones, por acumular cosas sueltas que fue haciendo. Quizás, si en algún momento lo amonestamos por algo mínimo, en el transcurso del tiempo eso pudo haber generado que ese chico fuera expulsado de la escuela, con la marca que ello implica”.
Melita Audisio (Profesora de Matemática y Física)

Uno de los miedos que más estaba presente entre los docentes con este nuevo sistema era la posibilidad de perder la autoridad. Después, fuimos entendiendo que no tenía que ver con eso y que, al contrario, al darles la palabra los chicos podían hablar, reflexionar, ser autocríticos. Ahora, podemos trabajar sobre las situaciones previas, sobre los antecedentes. Con el sistema de amonestaciones solo se esperaba una situación grave para poner la sanción”.
Laura Bruno (Profesora de Ciudadanía y Participación, Psicología y Filosofía)

Estuvo bueno que se haya aplicado este sistema porque los alumnos se preocupan más por conservar los créditos, ya que en base a eso podes realizar varias actividades, como por ejemplo los viajes, que es algo muy lindo que tiene este colegio”.
Micaela Arcari, de 4º año

Este sistema de créditos es muy bueno, porque nos da la oportunidad de revertir el error que se cometió, de reflexionar, tratar los distintos temas y problemas que tenemos a diario y además no nos deja una marca tan grande como las amonestaciones, que es algo que nos queda para siempre”.
Julieta Zeolla, de 6º año